Alicia en el País de las Maravillas, un cuento diferente a todos.

aliciaDe algunos cuentos infantiles puede decirse que son diferentes a todos los demás. Ése es un raro privilegio que sólo unos pocos alcanzan. Lo dicho no desmerece a los restantes cuentos, pero los encuadra en una especie de artesanía anónima del folklore. Sin embargo, los “diferentes” escapan a esa idea de artesanía y responden más propiamente a la de arte.

   Hay varias cosas que hacen que el cuento de Alicia en el País de las Maravillas (1865) sea diferente a todos. Algunas son muy obvias, como es el caso de su origen literario, su indudable calidad, o su longitud. Su condición literaria deriva de ser una creación surgida de forma concreta y no recogida de una tradición anterior, lo que la separa de otras colecciones como las de los hermanos Grimm, Calleja o Brentano. Su calidad literaria es incuestionable, pues su autor Lewis Carroll era un hombre cultivado, profesor de matemáticas y lógica, dibujante, fotógrafo e hijo de un reverendo que desde niño le aportó una educación esmerada. En cuanto a la longitud, Alicia es un libro más que un cuento, tiene la extensión de cualquier novela contemporánea, y hasta tuvo una continuación (Alicia a través del Espejo, 1871), lo que la aleja de los típicos cuentos breves para dormir a un niño.

   Sin embargo, otros de sus caracteres específicos son más difíciles de advertir. Uno de ellos es su carácter casi único dentro de la producción de su autor. En efecto, Charles Dogson (veradero nombre de Lewis Carroll) no era un escritor de cuentos profesional; era realmente un profesor universitario que hacía sus incursiones en el mundo literario por motivos entre divulgativos y vocacionales. Su verdadera afición literaria se encaminó hacia textos de lógica y matemáticas, aspecto mucho menos conocido pero más importante entre las prioridades del autor. Sus conatos en el ámbito de la poesía o del cuento no pasaron de ser fruto de la curiosidad más que de un imperativo creativo.

   Otro de los rasgos únicos de este cuento es que fue fruto de una improvisación. En efecto, es famosa la tarde del 4 de Julio de 1862 en la que Carroll, junto con el reverendo Duckworth y las tres niñas Liddell llamadas Lorina, Alice y Edith (de 13, 10 y 8 años), dieron un paseo en barca por el Támesis desde Puente Folly, cerca de Oxford, hasta Godstow. La tarde era tan calurosa que hicieron un alto en la orilla para resguardarse a la sombra de los árboles. Allí las niñas pidieron a Carroll que les contara un relato, y éste ideó las aventuras de Alicia, inspirándose al parecer en la mediana de las niñas, por la que sentía un especial afecto ya iniciado años atrás.

   Carroll les contó de forma improvisada las aventuras del conejo blanco, de la reina deconejo corazones y de tantos otros personajes maravillosos que el autor nombró inicialmente como “Aventuras de Alicia en el mundo subterráneo”. Las tres hermanas se sintieron tan fascinadas que rogaron al matemático que les redactara el cuento para retenerlo mejor. Ahí empezó un periplo que continuó con la elaboración de un texto muy extenso, unas ilustraciones que inicialmente elaboró el propio autor y que luego encargó al famoso ilustrador Tenniel, y una edición que tuvo gran éxito.

   Si nos hemos de preguntar qué tiene el cuento de Alicia que guste especialmente a los niños, quizá la respuesta esté en la corriente a la que pertenece: el “nonsensical” (de “nonsense”, en castellano: “sinsentido”). Esta corriente triunfó en la Gran Bretaña victoriana como reacción romántica frente al exceso de ciencia y rigor educativo del siglo XIX, dando lugar a importantes autores como Edward Lear o Catherine Sinclair. Los niños siempre han disfrutado con la idea de “el mundo al revés”, y en este caso tuvieron la suerte de topar con un matemático que escogió ese lenguaje del absurdo para transmitir todo un compendio de lógica y pensamiento como es, a poco que lo analicemos, el cuento de Alicia.

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