Niños con historia: Arturo Pomar.

    Arturito Pomar fue un nombre tremendamente popular en la España de la postguerra, a mediados del siglo XX. Arturo era el niño que muchas madres españolas hubieran querido comoarturito hijo: formal, estudioso, inteligente, limpio y siempre bien vestido. Su especialidad: jugar al ajedrez como los mejores.

    Desde que con 13 años hiciera tablas con el Campeón del Mundo –Alexander Alekhine- en el Torneo de Gijón de 1944, su figura saltó a la fama internacional y fue objeto de atención permanente por medios de comunicación, revistas y reportajes. Es indudable que el régimen franquista utilizó la imagen de este prodigioso niño ajedrecista, presentándolo como contrapunto hispano frente al dominio mundial apabullante de los soviéticos (de modo semejante al de la victoria de España sobre la URSS en la Eurocopa de fútbol de 1964, prolongación deportiva de una cicatriz política larvada). De igual forma, resulta injusto que se le prive a Pomar de sus verdaderos méritos por el sólo hecho de haber triunfado en la época gris de una España ávida de héroes. ¿Quién fue este niño? ¿Qué lecciones nos aporta?

   AlekhineArturo Pomar había nacido en Palma de Mallorca el 1 de Septiembre de 1931, por lo que hace muy poco que ha celebrado su 80 cumpleaños. Aprendió el juego con 5 años. Su abuela le regaló un primer tablero (costó 0.95 pesetas), y su padre fue su maestro. Ya con 11 años asistió a los campeonatos de Madrid. Pero su lanzamiento vino en el citado Torneo de Gijón. Allí se enfrentó al campeón del mundo, el Dr. Alekhine, que no pudo derrotarle. El soviético se sorprendió del talento del niño, del que dijo: “Pomar tiene unas dotes excepcionales de intuición para llegar a ser un gran jugador de ajedrez”, y se ofreció para instruirle durante un tiempo.

   Pronto se vio que el episodio de Gijón no era una casualidad. Con 15 años Pomar ganó su primer título de Campeón de España de Ajedrez (1944), que volvió a obtener en otras 6 ocasiones (años 50, 57, 58, 59, 62 y 66). A los 22 años adquirió el de Maestro Internacional, y a los 30 el de Gran Maestro Internacional. Ello quiere decir que el paso de “Arturito” a Arturo Pomar se hizo con total normalidad, sin que su prodigiosa precocidad implicara ningún desarreglo posterior, al menos en cuanto a la carrera ajedrecística. Pomar siguió compitiendo de adulto, participando en 12 ocasiones en las Olimpiadas de Ajedrez (desde Munich en 1958 hasta La Valetta en 1980) y manteniendo siempre un alto nivel, aunque ya sin la sorpresa de su edad.

   Nos preguntamos entonces: ¿Alcanzó Arturo Pomar sus límites o pudo llegar aún más lejos? Nunca lo sabremos, pues el joven ajedrecista tuvo que enfrentarse a las penurias de supomar tiempo y lugar. La España de entonces no tenía capacidad o sentido para facilitar a un gran campeón unos medios de vida que le permitieran dedicarse sólo a su genio. Por ello, a pesar de todos sus éxitos, Arturo Pomar decidió en 1960 optar a una plaza en el Cuerpo de Correos que le permitiera fundar una familia (lo hizo, con 7 hijos de descendencia).

   En 1962 participó en el Torneo de Estocolmo, e hizo tablas con otro campeón del mundo, Bobby Fisher, quien dijo: “Pobre cartero español. Con lo bien que juegas, tendrás que volver a poner sellos cuando acabe el torneo”. Ese es quizá el resumen de la figura de este pequeño genio: pudo haber sido mucho más, si se le hubiera atendido de la manera adecuada. Aun así, sus logros ajedrecísticos son más que respetables: popularizó el ajedrez como no había ocurrido antes; se hizo célebre por sus partidas largas de apertura trabada, y nos legó cuatro tratados sobre ajedrez (eso sí, descatalogados y hoy difíciles de encontrar). De lo que nadie duda es de su éxito puramente personal: ser un hombre respetado y querido por familia y amigos no es poco prodigio.

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