El Antifaz del Guerrero

¿Por qué lleva antifaz este Guerrero? La respuesta parece sencilla pues todoguerrero antifaz antifaz tiene la finalidad clara de encubrir una identidad. Vemos un recurso semejante en otros héroes del tebeo como El Hombre Enmascarado, Batman y Robin o El Zorro, o parecido en otros que de alguna forma esconden su carácter como Superman o Spiderman. El mismo autor de El Guerrero, el vallisoletano Manuel Gago, creó otro personaje con antifaz llamado El Espadachín Enmascarado.

  El Guerrero del Antifaz desarrolla sus aventuras a fines de la Edad Media, en tiempos de los Reyes Católicos. Aparece inicialmente tapando sus ojos para no ser reconocido por los cristianos como un antiguo enemigo, pues en su juventud luchó en el bando musulmán junto al que creía ser su padre, el reyezuelo Alí-Kan, cuyo papel es el de eterno malvado. Una vez regresado el guerrero a su verdadero bando, inicia sus aventuras intentando expiar el daño que hizo a sus correligionarios –aun sabiendo que éstos no le perdonan-y perseguir a Alí-Kan y sus aliados –quienes lo consideran un renegado- buscando una justicia que siempre se le escapa o que, peor aún, deja escapar cuando la tiene a su alcance.

 zoraidaSin embargo, no pasan muchos capítulos sin que se descubra su identidad, tanto en un bando como en el otro. Por ello, el antifaz se revela como inútil e incluso sirve más para denunciar su presencia que para disimularla, lo que nos hace preguntarnos por qué el joven Adolfo Moncada, hijo del conde de Torres y antaño considerado hijo de Alí-Kan, sigue tapando su mirada cuando ya todos saben quién es. Apenas en algunos momentos de toda la colección llega a verse su rostro, como ocurre cuando ocasionalmente debe deshacerse o le privan de su atuendo, o cuando en el momento estelar de la historia celebra su boda con Doña Ana María condesa de Torres.

 Lo cierto es que el antifaz es esencial en el personaje y habría sido impensable eliminarlo. Visualmente compone un icono redondo, perfecto. De hecho, su imagen no se distinguiría de otros guerreros que con el mismo atuendo carecen del antifaz, como ocurre con su gran enemigo cristiano el Capitán Rodolfo, idéntico salvo en la máscara y que resulta soso. Artistas como los del Equipo Crónica ya percibieron la fuerza icónica del Guerrero del Antifaz cuando en 1969 diseñaron la estampa El intruso insertando ambiguamente al guerrero en el Guernica de Picasso.

 El Guerrero del Antifaz es una creación genial del genial dibujante Manuel Gago (1925-1980). Surgió en 1943, cuando su autor apenas tenía 18 años. A pesar de la extrema juventud del autor, ni siquiera se trataba de su primera obra. En 1942 creó El Espíritu de la Selva y algún otro relato suelto y serie corta como Niño Gonzalo, o Richard y Bakutu. El Guerrero del Antifaz nació en formato apaisado, en blanco y negro y en fascículos muy asequibles, elementos que facilitaron su difusión. Desde el principio fascinó a los niños, lo que tiene su explicación: incorpora elementos dramáticos de garantía como es la oposición entre bandos enfrentados, amores y pugnas en cada bando, grupos legales e ilegales en cada uno, escenarios cambiantes y sugestivos…

 Manuel GagoGago añadió a ello unos factores psicológicos potentes como fueron el patriótico en una época que aplaudía tal factor, el pasional -bordeando la censura continuamente-, una galería de personajes carismáticos –el retorcido Alí-Kan, el poderoso Olián, La fascinante Mujer Pirata, la enamorada Zoraida, el brillante Pirata Negro, el horrible Kadul, los fieles hermanos Kir, las bellas Aixa y Deope y tantas otras, el compañero Fernando…- y una tensión personal constante en el protagonista por su amor hacia Ana María y su odio hacia Alí-Kan, aparte de una agilidad de dibujo que dejaba asombrados a los críticos. Gago apenas preparaba sus viñetas y en buena parte las realizaba directamente sin pasar por bocetos o estudios; sólo así se entiende que tuviera una producción tan voluminosa (se cifra en 27.000 páginas). No sólo creó al Guerrero del Antifaz, donde colaboraron en el guión Luis Bermejo y Miguel Quesada, aparte del intervalo de dibujos de Alberto Marcet, sino a otros muchos como El Pequeño Luchador (1944), El Espadachín Enmascarado (1947), y el gran Purk, el Hombre de Piedra (1949). Su obra fue mucho más prolífica y fue apagándose por la propia saturación de trabajo que sólo pudo sobrellevar gracias a la gran madurez de su dibujo y a su sentido escénico. Hoy tiene una calle en Valencia, y el agradecimiento de miles de seguidores.

 

 

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