Jessie Willcox Smith, ilustradora de cuentos

 niña flores  Las ilustraciones de un libro infantil son en ocasiones tan importantes o más que el texto. Todos llevamos en la memoria cuentos con dibujos maravillosos, grabados, acuarelas… y cada vez que uno de esos libros añejos cae en nuestras manos y se abre por la página de una ilustración, volvemos de inmediato a la niñez. Las ilustraciones de los cuentos son magia, encanto y nostalgia.

   Cuando las imágenes han sido elaboradas por personas de talento, descubrimos que estaban también llenas de belleza y arte, lo que de niños nos pasó desapercibido. Ahí tenemos los nombres de ilustradores como Arthur Rackham, John Tenniel, Mabel Lucie Attwell, Kate Greenaway…

   Una de las grandes fue Jessie Willcox Smith. niñaPerteneció a una de las épocas doradas de la ilustración de libros, y quizá la más importante para las mujeres ilustradoras: la de fines del XIX y principios del XX. Hay cinco razones que destacamos al respecto: la primera es la existencia de la fotografía; el poder retratar cualquier objeto con una cámara obligó a los artistas manuales a perfeccionar su estilo para encontrar imágenes que una máquina, por muy perfecta que fuera, nunca podría imitar. Se trataba de salvar, con la técnica manual, la parte más humana del arte y es así que surgieron maravillosos dibujantes y cartelistas, los cuales optaron por un romanticismo fuera del alcance de los fotógrafos ordinarios.

    La segunda es la aparición de nuevos medios de difusión. Los ilustradores ya no sólo tenían abierto el campo de los libros, sino también el de los múltiples periódicos y revistas que proliferaron en el siglo XIX. Muchos de los libros editados surgieron inicialmente como folletines por entregas en diarios y semanarios, y eso exigía un plantel nutrido de ilustradores.

     estudianteLa tercera es la aparición de nuevas técnicas. Linotipia, litografía o incluso la xilografía recuperada, aparecen como alternativa para pintores y grabadores de escasos recursos económicos.

   La cuarta es la moral victoriana que parece imponerse por todo el mundo. La solidez del imperio británico bajo unos parámetros morales se extiende también a la educación infantil. Ello determina un tipo de imágenes para niños donde destaca la belleza, la dulzura y una pureza de líneas y de contenidos que de sencilla se nos antoja perfecta.

    El quinto elemento es el de la incorporación de la mujer al mundo de la ilustración. Es la época en la que las más activas luchaban por la igualdad en cosas tan obvias como el voto o la formación. Feministas, sufragistas, suffragettes… la lucha política iba por un lado; por otro, muchas mujeres encontraban su espacio en las pocas academias en las que eran admitidas, y una de éstas era la artística. A través del dibujo muchas mujeres hicieron su guerra particular.

    Jessie Willcox Smith (1863-1935) fue una de esas creadoras. Había nacido en Filadelfia (EEUU) y sus padres la orientaron para ser institutriz en Cincinatti, a donde se trasladó para vivir con sus primos; tenía 16 años. Un día, cuando aquéllos recibían clase de dibujo, Jessie cogió un lápiz y dibujó una lámpara, lo que despertó en ella una emoción totalmente nueva y cambió su rumbo. Entonces se matriculó en la Escuela de Diseño para la Mujer, pasó luego a la Academia de Pensilvania de Bellas Artes graduándose en 1888 y más tarde fue alumna del consagrado Howard Pyle. En las clases de Pyle coincidió con otras dos clasemujeres, Elizabeth Shippen Green y Violet Oakley, forjando una amistad artística muy duradera y prolífica, llegando a componer entre ellas un estudio propio.

    El primer gran éxito de Jessie vino en 1903 al ilustrar el libro The Child, de Mabel Humprey. A partir de ahí empezó a ser muy cotizada. Es clásica su adscripción a revistas donde permaneció muchos años marcando el estilo de más de una década, como en Good Housekeeping, cuyas portadas llevaron su firma durante 15 años (1918-1933). Cuenta con más de 60 libros ilustrados, 200 portadas y 250 revistas. Algunos de esos libros son verdaderas piezas de colección, como The Water-Babies (1916), Dickens’ Children (1912) o Heidi (1922). Sus estudios artísticos se notaron en su esmerada composición, su tratamiento de luces, colores y contrastes, su familiaridad con el lenguaje publicitario… todo ello aparte de una sensibilidad excelsa. La magnífica obra de esta mujer que pudo acceder a unos estudios nos hace lamentar cuántos otros talentos femeninos se malograron por no haber tenido acceso a tantas otras disciplinas.

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