La cigarra y la hormiga: un cuento con tres finales.

   Todos conocemos el cuento de la cigarra y la hormiga. La mayoría tenemos en la mente las imágenes de la versión de Walt Disney y recordamos el personaje de la cigarra alegre bailando con su violín, mientras las hormigas se esfuerzan atesorando víveres para el invierno. Disney fue un maestro reflejando cómo la cigarra, poco previsora, cambiaba de aspecto por el frío hasta quedar convertida en un suspiro a punto de perecer helada y hambrienta.

  cigarra La fábula resulta, además, muy oportuna en estos tiempos de dificultades pues, junto a otras del tipo de “Los tres cerditos”, contiene la moraleja de la necesidad de prevenir el futuro en lugar de vivir sólo el presente. Su cuerpo principal nos narra la historia de una cigarra que durante la primavera y verano se dedicaba a bailar y cantar, mientras una hormiga se afanaba en trabajar buscando comida y leña que almacenar para el invierno; al llegar la estación fría, la cigarra descubre demasiado tarde que no tiene ningún medio de sobrevivir, mientras que las hormigas disponen de provisiones copiosas.

   Lo que quizá no sea tan fácil de detectar es que, en las diferentes versiones que podemos considerar más populares, el final varía en función de diversas circunstancias.

   La primera versión a la que nos referiremos es la original de Esopo, fabulista griego que vivió en el año 600 a.C., aproximadamente. A él se atribuye la invención de este cuento, y de ahí que sus caracteres participen de la amabilidad de los relatos del fabulista griego. Esopo era un creador elegante y nada estridente, pues su intención no era dramatizar sino simplemente mostrar caracteres humanos y la repercusión de sus actos. Por ello utiliza habitualmente personajes animales que fijan más las virtudes o defectos. En su cuento, el final no resulta excesivo: cuando la cigarra se da cuenta de que carece absolutamente de víveres para el invierno, la hormiga le da unos granos de arroz y le recuerda que el próximo año deberá cuidarse de cometer el mismo error.

   La segunda versión que estudiamos es la de los escritores La Fontaine y Samaniego. El primero francés (1621-1695) y el segundo español (1745-1801). El tono en estas versiones es más duro, pues pretende ser esencialmente moral, aleccionador. En La Fontaine, la hormiga niega la ayuda a la cigarra, aun sabiendo que ésta puede perecer, pues parece haber llegado a la conclusión de que es inútil intentar ayudar a quien por carácter no sabe o no quiere ser precavido. Tanto La Fontaine como Samaniego utilizan el verso en sus fábulas, lo que refuerza su carácter moralizante pues el ritmo del verso era ideal para ser aprendido por niños y jóvenes. Parece evidente que el tono de estas versiones viene influido por la época del mercantilismo europeo preindustrial y la exaltación del trabajo.

   Muy diferente es el final que inventó Disney, que termina la historia de forma mucho más dulce, más infantil y, hastasello cierto punto, más edificante. Walt Disney construyó un cortometraje de unos 8 minutos en dibujos animados, en cuyo final la cigarra hambrienta y casi congelada suplica ayuda a las hormigas. Estas deciden ayudarla, pero para que aprenda la lección le dicen que tiene que trabajar, y entonces le dan su violín para que toque música para ellas. Es decir, se trata de una historia de redención en la que se enseña que todo individuo puede tener su lugar en la sociedad, por marginal que sea, y de paso reivindica la importancia del artista (Disney lo era, al fin y al cabo). No debe pasar desapercibida la fecha de esta obra -1934- lo que nos indica que el público debía estar inmerso en la gran depresión que siguió a la crisis del 29, y preferiría ver en pantalla un final caritativo y feliz antes que otro drama añadido al que veían en las calles.

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