Las fábulas de La Fontaine

  zorra Muchos de los cuentos que contamos a los niños tienen origen en colecciones formadas hace siglos. Cuando los cuentos son breves y contienen una fuerte carga moral o ejemplarizante, los solemos llamar fábulas. Algo habitual en éstas es que utilicen animales para representar virtudes o defectos humanos.

   En Francia, el autor de fábulas por excelencia es La Fontaine. A él debemos la difusión de historias tales como “el zorro y las uvas”, “la rata de ciudad y la rata de campo” o “la gallina de los huevos de oro”.

   Jean de La Fontaine fue un hombre nacido para fabular. Nacido en 1621, su destino era suceder a su padre en el oficio de inspector de bosques y ríos, pero su espíritu le llevaba a estar permanente ensoñado, recostado a los pies de un árbol o paseando descuidadamente por el paisaje. Dicen que descubrió su vocación fabulista cuando escuchó casualmente una oda de Malherbe y que ello inspiró su afán de versificar historias. Realmente este estilo literario encajaba perfectamente con el joven Jean: episodios ligeros, sonoros, imaginativos, encantadores.

   La Fontaine nunca fue ambicioso ni quiso acometer grandes creaciones, aunque curiosamente su producción acabó siendo cuantiosa. Su eclosión fue tardía, a pesar de haber sido protegido desde muy pronto por personajes como Fouquet (Ministro de Hacienda), la duquesa de Bouillon o Madame de la Sablière. Su primer libro de Fábulas apareció en 1668, cuando contaba 47 años y aún se sentía influido por el fabulista griego Esopo. Publicó otras dos series en 1678 y 1695, componiendo en total 12 libros. La gente le apreciaba (le llamaban cariñosamente “el buen La Fontaine”), como suele ocurrir con los bohemios.

   Las fábulas de La Fontaine están escritas en verso. Su época es la del francés de Molière, Racine oJean Boileau, por lo que nos encontramos en uno de los momentos de mayor esplendor de la lengua gala. Por ello, al placer de su contenido puede sumarse el de la música de su lectura en francés si se conoce dicha lengua; es tradicional en Europa la asociación entre mensajes moralizantes y rima, no sólo en La Fontaine o en españoles como Samaniego sino en multitud de autores y en tradiciones orales como por ejemplo la alemana. El mundo de la fábula merece ser compartido con los niños, aunque suene a antiguo, pues los niños no entienden de Historia sino de historias.

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