Los cuentos mágicos de Lotte Reiniger

Lotte ReinigerCuando un cuento tradicional se presenta en un formato novedoso puede producirnos un disfrute muy especial, como el de una nueva obra de arte.

  Eso es lo que ocurre con las producciones de la cineasta alemana Lotte Reiniger, que dio nueva forma a historias como las de La Casita de Chocolate, Las Mil y Una Noches, El Flautista de Hamelín o tantas otras. Su especialidad fue el filmarlas en imágenes de siluetas oscuras (o sombras chinescas).

  Cuando vemos estas creaciones sentimos fascinación, producto del margen de misterio que las sombras nos aportan. Una silueta sin rasgos siempre nos permite utilizar la imaginación para rellenar los detalles omitidos, incluyendo los gestos que puedan reflejar emoción en las figuras. El recurso a las sombras Reinigertiene amplios precedentes en las culturas orientales, citándose el ejemplo del teatro Wayang en Indonesia o Malasia, así como en otros donde la ausencia de rasgos nos transporta a otra realidad, dotando a estas representaciones de un tono incluso religioso o místico.

  Lotte Reiniger no llegó tan lejos en sus filmaciones, pero sí tuvo muy presente la carga hipnótica de las sombras o siluetas. El recurso no era excesivamente novedoso en una Alemania donde, en el primer Romanticismo, se habían usado las siluetas como retratos siendo relativamente frecuentes en los siglos XVIII y XIX. Lo nuevo de Reiniger fue aplicar estas siluetas al cine con la técnica de las sombras aplicando el foco contra el espectador. Las figuras se articulan en numerosas piezas que posibilitan multitud de posiciones y permiten –por la técnica de la stop-motion o fotogramas sucesivos- crear la ilusión del movimiento vivo.

  piezasCharlotte Reiniger había nacido en Berlín en 1899. Ello significa que desde muy joven recibió las influencias artísticas de los expresionistas y dadaístas, junto al descubrimiento de estéticas africanas y orientales cuyas máscaras aportaban una complejidad psicológica bastante novedosa. El elemento artesanal de la producción de estas sombras, por otro lado, dotaba de un toque primitivo y casi medieval a aquellas obras, lo que estaba en plena sintonía con algunas corrientes intelectuales centroeuropeas del momento que reivindicaban las artes manuales tradicionales como alternativa a un mundo industrial inquietante. No ha de extrañarnos que Lotte, siendo una adolescente, descubriera su vocación por la animación con sombras recortadas gracias a las películas y teorías de Paul Wegener, el cineasta autor del film El Golem (1920). Los juegos de luces y tinieblas de ese cine enlazaban perfectamente con la habilidad que ella misma venía desarrollando en la realización de siluetas de cartulina negra. Consiguió presentar unas muestras al director de teatro Max Reinhardt, conocido de Wegener, y al poco ya se encontró realizando figuras chinescas para la película LotteLas bodas del gigante Rübezahl (1916) y El Flautista de Hamelín (1918). Poco a poco adquirió fama y pudo trabajar de forma autónoma desarrollando sus ideas, siendo su mayor éxito el largometraje Las aventuras del príncipe Achmed, de 1926, considerada el largometraje de animación más antiguo de la historia con años de prelación a las producciones norteamericanas.

  En los años siguientes siguió con su producción en Alemania y más tarde en Gran Bretaña. No ocultó sus técnicas sino que incluso se filmó a sí misma en pleno trabajo. La fidelidad a su formato de sombras, mantenido durante años, hizo que poco a poco se perdiera el interés por sus obras, pero ella continuó con su estilo propio. Su intención no era lograr el éxito sino dejar el máximo de producción dentro de su modelo de animación favorito. Hoy debemos agradecérselo pues nos ha legado una buena colección de genialidades.

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