Los niños en la Valencia Medieval

¿Cómo eran los niños en los tiempos del Cid, o de Jaime I el Conquistador? Algotorres quart podemos decir, aunque no mucho. La infancia es una etapa a la que antiguamente se daba poca importancia. Causas había varias: las dificultades de supervivencia; el patriarcado imperante; la valoración de las personas sólo a partir de que pudieran trabajar para la familia… Por ello las crónicas hablan muy poco sobre los niños y su mundo.

  Ahora bien, las fuentes ocasionales sí nos permiten extraer informaciones que elevar a lo general. En el caso de Valencia y de otros lugares, es curioso observar cómo buena parte de las informaciones las obtenemos de las normas públicas prohibitivas o de los sermones de la Iglesia, que son las que han quedado escritas. Es decir, más que saber qué hacían los niños, sabemos más sobre qué les prohibían o qué les ordenaban hacer.

  Podemos asomarnos a varios campos de la vida privada en la Valencia medieval, limitándonos a la que conocemos tras la conquista por Jaime I (1238) y unos doscientos años más. Así por ejemplo, en cuanto a las comidas, lo general era que los valencianos hicieran cuatro o cinco comidas, es decir tomaran algo al amanecer, almorzaran hacia las nueve, merendaran a mediodía, cenaran por la tarde y tomaran algo ligero al anochecer. La comida, en los momentos de paz y normalidad, era variada y suficiente, incluyendo mucho de fruta y huerta con todas sus vitaminas, por lo que los niños no debían tener especiales problemas de desnutrición (nos referimos siempre en familiacomparación no con los tiempos actuales sino con otros lugares en la misma época). Sabemos, por cierto, que Valencia producía mucho azúcar incluso para exportar, lo que permitía gran variedad de pasteles, como eran el alfanich (una pasta llena de azúcar) o los artelets (pasteles de almendra rellenos de dulce), el citronat, el tartugat… También se vendía mucha nieve, de lo que deducimos que serían frecuentes los helados para los niños.

  En los bautizos era muy importante la figura del padrino, pues hacía regalos al niño y sufragaba buena parte de la ceremonia. Ello fomentó una competencia poco sana entre candidatos ocasionando verdaderos despilfarros y ruinas, motivo por el que la ciudad acordó en 1372 que ningún padrino regalara al ahijado más de medio florín de oro. La prohibición se eludió nombrando a más de un padrino; esta solución necesitaba aprobación eclesiástica, pero no era muy difícil obtenerla. En las familias acomodadas solían ponerse a los niños algunas joyas familiares para el bautizo.

  Las niñas eran presumidas, como las valencianas en general. Lo sabemos puesbromas San Vicente Ferrer, en un sermón en la catedral, se quejaba del exceso de las mujeres, incluso las niñas, en “pintuyarse”. También debemos a San Vicente Ferrer, y a algún otro texto como el Spill, de Jaume Roig, el saber a qué jugaban los niños valencianos del medievo. Nos citan como juegos habituales el palet, la pilota, el dart y la ballesta. El Palet debía consistir en golpear con un palo el extremo de otro yacente el cual, al saltar, es golpeado con fuerza para que llegue lejos. La joca, choca o xoca consistía en poner un dinero encima de un palo, piedra o base, y lanzar otras cosas hacia él, ganando el dinero quien lo derribara o cayera más cerca. También conocemos las birlas y el truc, consistentes en una especie de bolos. Se habla también de los juegos de naipes o de azar, que eran reprobados pues terminaban normalmente con desórdenes o con palabras indeseadas. No entraremos aquí en otro tipo de juegos que también practicaban los adultos, y de los que hay interesantes descripciones por ejemplo en las obras del castellano Alfonso X el Sabio. También nos habla San Vicente y los bandos de la ciudad sobre la mala costumbre de realizar juegos y bromas de muy mal gusto contra los viandantes, pero los omitiremos por ser fáciles de imaginar. La moral pública también estaba detrás de las normas sobre baños públicos que obligaban a hombres y mujeres a usarlos en días separados, lo que también incluía a los niños.

  EscuelaHabía otras disposiciones respecto a los menores, como eran la prohibición de los Fueros de someter a tortura a un menor de dieciocho años. Los Fueros regulaban también su instrucción, permitiendo libertad plena para implantar escuelas; esto fue perfilándose con el tiempo, hasta llegar al Estudio General de 1412 en el que se unificaron criterios para las enseñanzas promovidas por la ciudad y por el obispado. Los estudiantes empezaban con la cartilla o silabario y ascendían en conocimientos; se usó el sistema de Philopono que al parecer fue maestro de Luis Vives. Sabemos que los valencianos gozaron de buena instrucción primaria pues más tarde encontramos alumnos y profesores valencianos en las universidades de Bolonia, París o Montpellier. Las escuelas no eran tampoco privativas de la capital pues también las había, -por ejemplo de Gramática, Lógica y Artes- en Játiva, Sagunto, Cullera, Sueca, Liria, Alcira, Albayda, Gandía y Jérica. Las clases eran rigurosas y empezaban al salir el sol; el curso duraba todo el año aunque había muchos festivos. Los estudiantes llevaban un traje especial para que todo el mundo los reconociera, con una prenda de paño negro largo, y un casquete en la cabeza. Había asistencias para estudiantes sin recursos, y se les autorizaba para pedir limosnas o recibir lo que hoy llamaríamos becas. Algunas dependían del permiso del obispado, en cuyo caso éste proveía a los niños de unos hisopos para que esparcieran agua bendita en las casas de aquellos que les financiaban los estudios.

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