Niños con historia: Picasso, un niño con dos vidas

   Picasso niñoLa obra pictórica de Picasso es reconocida, de forma casi unánime, como la más importante del siglo XX. Lo que no siempre se recuerda es que Pablo Ruiz Picasso, ya de niño, era un pintor asombroso.

Lo habitual es que los artistas maduren a lo largo de su vida; el ejemplo es Gauguin, cuya profesión inicial era la de agente de bolsa. El caso contrario es el de creadores que tras una adolescencia fulgurante se malogran, ya sea por su propia confusión –caso de Rimbaud- o por la desgracia –caso de Rafael, o de Juan Crisóstomo Arriaga-.

Picasso brilló de las dos maneras, como “niño prodigio” y como “genio evolutivo”. Y eso es lo que lo convierte en un número uno. Nacido en 1881, con apenas 10 años ya pintaba de una forma sorprendente, y entre los 13 y los 15 años presenta obras que la inmensa mayoría de artistas jamás llegarían a realizar. Su madre contaba que sus primeras palabras inteligibles fueron “piz, piz”, como pidiendo un lápiz; el mismo Pablo explicaba que él “nunca había hecho dibujos infantiles”. La madrepresencia de un padre profesor de dibujo, un entorno familiar muy femenino (madre, tías y hermana) y una infancia con varios cambios de ciudad abrieron múltiples ventanas en la mente del niño. Si observamos obras como Retrato de la madre, Retrato del padre, La sirvienta de la Coruña, o La muchacha descalza, diríamos que son la obra cumbre de cualquier pintor en el final de su carrera por su perfección en técnica y en alma. Con apenas 15 años, Picasso había agotado la existencia de un adulto.

Lo fascinante es que un niño que ya alcanza el nivel de los mejores, empiece lo que podemos llamar “una segunda vida”, renuncie a repetirse y busque algo más, evolucionando hacia donde nadie antes había estado. Esa es la vida del hombre Picasso que pasa por sus épocas azul y rosa, el cubismo, el surrealismo, la abstracción y, a falta de otro nombre por agotamiento de todos, el arte picasiano, siempre en la vanguardia, sólo o con otros pero nunca detrás de nadie.

El Picasso evolutivo nunca volvió a pintar como el Picasso niño (figurativo, realista, perfecto), perocama esa etapa magistral de la infancia es la que le legitimó para buscar otros mil caminos mucho menos comerciales o académicos, sin que nadie pudiera achacarlos a carencias técnicas sino sólo a una ambición artística insaciable.

Como le pasaba al saltador de pértiga Sergei Bubka, se quedó solo compitiendo contra sí mismo. Nuestra suerte es que siempre quiso más durante muchos años.

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