Niños con historia. Wolfgang Amadeus Mozart

   La expresión “niño prodigio” es equívoca. En primer lugar porque todo niño es un prodigio. En segundo lugar porque muchas de las obras que significan a un niño como prodigiosomozart estarían al alcance de otros muchos niños, si éstos hubieran gozado de las mismas oportunidades en educación, entorno familiar y atención.

   Por ello quizá sea más equitativo hablar de “niños con historia”, pues ciertamente la tienen muy marcada y merecen capítulo propio. Ejemplo paradigmático es Wolfgang Amadeus Mozart.

   La pregunta es: ¿fue Mozart realmente un niño prodigioso? Sus obras así lo atestiguan. Nacido el 27 de enero de 1756 en Salzburgo, a los 4 años ya tocaba el clavicordio y poco después el violín; a los 5 compone su primera sinfonía. A punto de cumplir los 6 años, su padre organiza una gira de conciertos y ello abre al niño un sinfín de estímulos e información que continuará en los años siguientes, determinándole a imitar todos aquellos géneros que va encontrando a partir de entonces. A los 9 años compone su primer oratorio, y a los 13 sus primeras óperas influidas por su estancia en Italia. Londres París, Munich… el reconocimiento de su precocidad era general en todas las cortes de Europa y en todos los foros musicales. Con 14 años será nombrado Director de Conciertos Titular de la Corte de Salzburgo, y con apenas 15 fue admitido en la Academia Filarmónica de Bolonia, algo excepcional pues la edad mínima para ello era de 20 años. Es cierto que en muchos de los logros de los “niños prodigio” hay datos exagerados por sus educadores o cronistas, pero en el caso de Mozart sus demostraciones eran continuas y en ámbitos muy diferentes.

   La combinación responsable del éxito inicial de Mozart deriva de tres factores esenciales: una atención importante por su padre, una motivación extra en el afán de aprender y unas cualidades innatas en el niño. El padre de Mozart, Leopoldo, era adusto y responsable (algo diferente a la amabilidad y humor que mostraba su esposa Anna María y que heredó el hijo). Procedía de familia humilde ajena a la música pero supo labrarse una profesión musical más que digna en la corte de Salzburgo como violinista y educador. En cuanto descubrió el potencial de su hijo, renunció a todas sus demás actividades para centrarse en la mayor gloria de lo que él consideraba un milagro de la Providencia, dedicándose a partir de entonces a organizar actuaciones para Wolfgang y para su hermana mayor María Anna (Nannerl). Esta sobreprotección privó a Mozart de mucho tiempo de amigos -que apenas tuvo- y de juegos, y contribuyó a hacer de Wolfgang, ya adulto, un hombre incapaz de administrarse.

   nannerlLa hermana Nannerl fue la única que, junto a Wolfgang Amadeus, sobrevivió de los 7 hermanos que fueron. Ello propició el que el padre se centrara más aún en la educación de ambos. Realmente la que estaba destinada a la música era esta hija, pero cuando ella practicaba al clavicordio su hermano de cuatro años Wolfgang la observaba fascinado. Ello constituyó una motivación mágica para aquél niño que siempre adoró a su hermana, -con la que formó pareja musical en los primeros tiempos-, y sembró un afán de emulación en Mozart que sería decisivo para motivar su aprendizaje.

   En cuanto a las cualidades innatas de Mozart, fueron detectadas desde el principio por su padre: gran oído musical, perfecto sentido del “tempo”, elegancia y una gran creatividad que facilitaba la improvisación. Estas cualidades innatas pueden encontrarse en multitud de niños, basta con darles un cauce y atender.

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