Nombres: Rodolfo, el reno héroe de San Nicolás

rudolphCada vez más, al llegar Navidad las imágenes de Santa Claus (o San Nicolás) se nos van haciendo familiares junto a las tradicionales de los Reyes Magos. Los medios audiovisuales, por su parte, han ido creando en los últimos años una escenografía abundante para Santa Claus y su mundo, arropando al personaje con multitud de aderezos, lo que nos hace preguntarnos por la autenticidad y la antigüedad de éstos. Hoy vamos a hablar de Rodolfo.

  Rodolfo (Rudolph) es un nombre que gracias a Santa Claus se ha hecho popular y querido para casi todos los niños. Se trata de un nombre germánico, de gran antigüedad y cuyo significado parte de dos raíces, Rhod Wulf o Hrod Wulf, que significan “ganador” o “sabio” y “lobo”. Su unión puede articularse como “el que gana en la batalla” o “el lobo sabio”, siempre aludiendo a un personaje hábil que triunfa sobre una adversidad. Su onomástica principal es la del 17 de Octubre, en memoria de San Rodolfo monje, aunque también existen otros como San Rodolfo obispo o San Rodolfo Abad.

  En relación con Santa Claus, Rodolfo es el nombre de su renovisit from S. Nicholas más importante. Todos tenemos en la memoria la imagen del santo barbudo de traje rojo o verde, botas negras y barba blanca a bordo de un trineo volador tirado por renos; no todos saben que cada uno de esos renos tiene un nombre y que inicialmente eran ocho, ni saben que el noveno reno –ése que va delante y tiene una nariz roja dotada de luz- llegó después y tiene una historia particular que ahora contamos.

  Dasher, Dancer, Prancer, Vixen, Comet, Cupid, Donner y Blitzen son los nombres de los primeros ocho renos. Aunque estos animales figuraban en las tradiciones navideñas, sus nombres no proceden de ninguna mitología sino de un poema escrito en 1823 por el norteamericano Clement Clarke Moore (1779-1863) llamado Una visita de San Nicolás (A Visit from St. Nicholas). Los dos últimos renos de la lista (en la versión inicial Dunder y Blixem, de raíz holandesa, hasta la reedición de 1844) significan trueno y relámpago, en consonancia con otros de los nombres que recuerdan igualmente a fenómenos celestes. A este poema, creado inicialmente por Moore para sus propios hijos, debemos algunos de los componentes de la puesta en escena de San Nicolás (que el poema nunca cita como Santa Claus). Actualmente y en cada Navidad desde 1911, los neoyorkinos hacen una peregrinación hasta el cementerio (Trinity Cemetery) donde el poeta yace.

  Rodolfo apareció un siglo después, concretamente en 1939, cuando Robert L. May compuso su cuento navideño Rodolfo, el reno de la nariz roja (Rudolph the Red-Nosed Reindeer). La historia es muy bella y se asemeja a la del Patito Feo. Rodolfo era un reno al que un hada le había otorgado una nariz roja capaz de emitir luz. Todos se burlaban de él por ese motivo, lo que le hacía sentirse triste. Así fue hasta que, en una Navidad, se levantó una tormenta de nieve tan densa que San Nicolás no podía viajar con su trineo de ocho renos; entonces apareció Rodolfo para ayudarle, poniéndose al frente alumbrando el trayecto con su nariz luminosa. Eso permitió que todos los regalos y juguetes llegaran puntualmente a los niños, y convirtió al reno Rodolfo en el héroe de la Navidad, al que todos admiraron desde entonces.

  En cuanto a Robert L.May (1905-1976), no podemos decir que fuera un entusiasta de la R. L. MayNavidad cristiana pues su familia era de religión judía, como también lo fue su esposa Evelyn. La familia de Robert se había arruinado en la gran depresión del 29, lo que llevó a aquél a emigrar a Chicago y trabajar como redactor publicitario para la cadena Montgomery Ward (“Wards”, fundada inicialmente por Aaron Montgomery Ward en 1872 para la venta por correspondencia). En Wards trabajaban con catálogos llamados “Libro de deseos” que informaban a los clientes sobre los artículos y sus precios. En 1939, encargaron a May que diseñara un libro navideño para los clientes, y le sugirieron que incluyera un personaje del mundo animal. May pensó entonces en el animal favorito de su hija Bárbara: un reno del Zoo de Chicago al que la niña, de apenas cuatro años de edad, gustaba visitar a menudo. Pensó que si a la pequeña le encantaba el reno, lo mismo ocurriría con todos los demás niños y con sus familias.

Acertó de pleno; Rodolfo, haciendo honor a su nombre, ganó la batalla no sólo de la tormenta de nieve sino la de ganarse el corazón de tantos y tantos niños.  Lo demás… ya lo saben.

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