Palamedes, primer inventor de juegos.

    Al escuchar “Palamedes”, muchos podrían pensar que se trata de un equipo de fútbol griego, un medicamento o una variedad de mosquito. Si decimos que Palamedes es un personaje de la Guerra de Troya, y que es quizá más importante que Aquiles, o que Paris y la bella Helena, nos pedirán una explicación y es justo darla.

   Considero a Palamedes importante porque sus actos en Troya siguen teniendo efectos en nuestro mundo de hoy. Se asigna a este personaje el fantástico mérito de haber inventado los primeros juegos. Homero nos cuenta en la Ilíada que, mientras los griegos estuvieron acampados durante años en las afueras de la sitiada Troya, se entretuvieron gracias a los juegos que ideaba Palamedes, algunos de los cuales han llegado hasta hoy.

   Son varios los juegos que la tradición enlaza con Palamedes. El ajedrez sería el más paradigmático, pero hay otros como los dados, o como cierta suerte de Baggamon. La característica típica de los juegos inventados por este griego sería la de tratarse de “juegos de tablero” fáciles de montar, como corresponde a un campamento de guerra. Además eran juegos no individuales sino para al menos dos jugadores; ello fomentaba la sociabilidad entre los guerreros y resultaba idóneo para canalizar las tensiones de la competitividad militar. Por descontado, no existe certeza sobre estas referencias, ni se trata de las únicas versiones existentes sobre el origen de los juegos (valga por todos el ajedrez, objeto de múltiples teorías).

   ¿Quién fue Palamedes? Se nos cuenta que fue hijo de Nauplio (famoso gobernante de Nauplia y participante en la expedición de Jasón y los Argonautas) y que padre e hijo acudieron a la Guerra de Troya. Su figura aparece no sólo en la Ilíada sino en otros textos griegos como en el Palamedes de Eurípides. Higino lo cita en sus Fábulas como creador de parte del alfabeto, y Filóstrato añade la invención de los faros y de la balanza. Se le atribuyen tácticas militares y otras ideas ingeniosas como la del truco que descubrió que Ulises fingía estar loco para no acudir a la campaña troyana. Ulises no se lo perdonó y provocó a su vez un entuerto que precipitó la desgracia de Palamedes.

   Como casi todo lo relativo a la antigua Grecia, la figura de Palamedes no es casual sino que incorpora elementos simbólicos y conceptuales. Y es que el juego no fue para los griegos una mera cuestión de ocio. Le atribuían también funciones educativas, como ejercicio para la vida, la sociedad y la lucha. Platón consideraba que se empezaba a envejecer cuando se dejaba de jugar. De igual forma lo consideraban una forma de estar más en contacto con la divinidad, y de ahí la existencia de juegos funerarios como los de Príamo por Paris o los de homenaje a Patroclo, o de otros más rituales como los Olímpicos, Píticos, o Ístmicos -reservados a los hombres- o los Hereos reservados a las mujeres según cita de Pausanias. A Afrodita se atribuyó cierto juego de adivinación, y a Hermes se le consideraba protector de los juegos y los negocios.

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