Raíces ibéricas de La Bella Durmiente

   GrimmLa Bella Durmiente es un cuento raro. Entre otras cosas es extraño porque no contiene la típica lección moral y educativa dirigida a los más pequeños: éstos no tienen nada que aprender de la caída y redención de un personaje protagonista, pues la Bella princesa no deja de ser una inocente a la que se castiga por acciones de otros.

   La niebla que rodea a este cuento es casi tan tupida como la red de espinos que abraza al castillo de la Bella Durmiente, según las versiones. Quizá podamos disiparla si atendemos al hecho de que, en realidad, este cuento resulta de la confluencia de dos relatos independientes, y de que en su hilo narrativo hay dos episodios sucesivos que podrían funcionar aisladamente.

   El material de fondo parece provenir de una colección francesa del siglo XIV que narra la historia del Rey Perceforest y la hermosa Zellandina. Dicho rey habría encontrado en un castillo a una joven dormida a la que previamente le habrían ocurrido unas peripecias que nos recuerdan a las del cuento conocido. Bella DurmientePero ahí empezaría una segunda parte en la que dicho rey, que ha quedado prendado de la joven durmiente, vuelve a su propio palacio donde su verdadera esposa va a descubrir el desliz de su marido, y va a precipitar un desenlace dramático para vengar su honor. Habría por tanto dos reyes en esta historia, uno en el reino donde vive la durmiente, y otro rey que es el que encuentra a la doncella y que tiene una familia previa en su reino de origen.

   El presente artículo no pretende profundizar en todos los elementos folklóricos o antropológicos que subyacen en esta historia, a pesar de la fascinación que pueden ejercer sobre nosotros. Nos limitaremos aquí sólo a apuntar una cuestión para los lectores curiosos: hasta hace poco, los especialistas se inclinaban por apreciar raíces únicamente centroeuropeas en la historia de la Bella Durmiente. Las colecciones de Perrault y de los hermanos Grimm, pasando por las derivaciones de la Condesa D´Aulnoy o Basile, daban una visión prácticamente franco-germana de la historia. Ello, en buena parte, se debía a la escasísima labor de recopilación que se había efectuado en países más latinos, como España, Italia o Portugal, y mucho menos aún en Iberoamérica.

   Estudios posteriores, sin embargo, han atendido a un grupo de narraciones Bellalatinas que incluirían elementos de esta historia, y han despertado un nuevo interés en los especialistas. Se trata casi siempre de restos de tradición oral, que por este motivo no habían sido tenidas en cuenta por los grandes filólogos del XIX, y que se centran especialmente en la parte segunda (la más truculenta) de la historia. Son narraciones como la manchega de Manzanahermosa, la portuguesa de Bela-Aurora o sus versiones incluso chilenas o brasileñas, que abren el abanico de la investigación demostrando que La Bella Durmiente es un cuento mucho más antiguo y mucho más extendido de lo que parece.

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