San Valentín y los jóvenes enamorados

   CupidoEs curioso el matiz: así como el Día de San Valentín (14 de Febrero) se ha consagrado ya como “El Día de los Enamorados”, la figura personal de San Valentín aparece asociada tan sólo a los enamorados jóvenes. Esto merece una aclaración.

   Con carácter previo, debemos resaltar que el Día de los Enamorados no es un invento reciente para propiciar regalos, tal como se afirma a veces. En España esa opinión se asocia además a otros nombres muy populares: “Galerías Preciados” y las películas “Las chicas de la Cruz Roja” y “El día de los Enamorados”. Así, se cuenta que hacia 1958-1959, el presidente de la superficie comercial Galerías Preciados llamado Pepín Fernández ideó un reclamo para potenciar las ventas en un mes tan poco comercial como febrero. Por aquellas mismas fechas se estrenaron las películas citadas con actores como Tony Leblanc, Conchita Velasco, y un elenco de grandes cómicos. El éxito fue total y desde entonces el 14 de Febrero se consideró asociado sin discusión a nuestro calendario como el día de las parejas, cualquiera que sea su edad.

   Pero lo cierto es que el día de San Valentín viene siendo celebrado como festividad de los enamorados desde mucho antes. Podemos remontarnos en primer lugar a los tiempos del poeta inglés Chaucer (1343-1400), que fue quien dejó constancia escrita de una tradición que a su vez –según él- venía desde el mismísimo siglo III de nuestra era.

   En el siglo III vivió San Valentín. Fue éste un sacerdote cristiano -quizá obispo- de la era de las persecuciones, que murió a manos del Emperador Claudio II el 14 de febrero del año 270. Ese día fue el elegido para venerarlo. La relación de Valentín con los jóvenes enamorados proviene de una disposición emitida por Claudio II, el cual prohibió a los jóvenes contraer matrimonio pues entendía que si permanecían solteros serían soldados más predispuestos (según fuentes, se referiría sólo a los soldados profesionales). Valentín veía la prohibición como contraria al amor que proclamaba, y se dedicó a casar en secreto a las parejas que se amaban. El Emperador descubrió su actividad y, tras conminarle infructuosamente a que dejara tal práctica, acabó con él. Se supone que una joven llamada Julia, que había sido curada por Valentín, plantó un almendro en su tumba. Desde entonces cuando los almendros florecen por Febrero nos evocan al amor.

   Podemos entender hasta cierto punto la postura del Emperador Claudio II: era un militar decidido a reunificar un Imperio por entonces partido en tres zonas de hegemonía, fomentó la unidad religiosa bajo la adoración del Sol Invictus y combatió victoriosamente en varios frentes. La vida no era una prioridad para él, hasta el punto de que en la batalla de Naissus (año 269) causó 50.000 bajas a los godos, por lo que fue llamado “Claudio El Gótico”.

   Es posible que, poco más tarde, al llegar cupido2al poder la Iglesia Cristiana, quisiera rememorar a San Valentín aprovechando que la fecha de su muerte coincidía con la época en la que los romanos celebraban tradicionalmente otra fiesta bastante alegre relacionada con el amor y la fecundidad. Se trataba de las Lupercales, de inicios de Febrero. El Papa Gelasio I las prohibió en el 494, y estableció hacia 498 la festividad de San Valentín.

   Como celebración se extendió por el mundo cristiano a partir de la Edad Media, aunque con preferencia por las tierras anglosajonas más que por las latinas. Por aquella vía pasó a Estados Unidos, y de ahí a una expansión mundial. Quizá ahí esté la clave de lo ocurrido con el carismático Pepín Fernández, pues se cuenta que la idea del Día de los Enamorados le surgió a la vuelta de un viaje por América, concretamente por Cuba. Quién sabe.

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