Jugar con delfines

    delfinLos delfines son una de las especies favoritas de los humanos, y posiblemente sea la más querida entre las acuáticas.

   Desde hace años existen centros recreativos donde se ofrecen espectáculos con delfines. A estos centros se unen hoy otros espacios acuáticos no necesariamente dedicados al ocio, sino también a la conservación natural o a la salud, en los que se incluye la posibilidad de nadar con estos animales, jugar con ellos o empatizar de diversas formas. Existen programas de actuación para enfermos de todas las edades, y también para niños con dificultades físicas o psíquicas para relacionarse.

   Aparentemente estas actuaciones sólo presentan ventajas. Nadie duda, por lo demás, de que los delfines son animales de inteligencia probada, de gran control de movimientos, amantes de los juegos, de existencia sociable y protectora y que no tienen motivos de competitividad con los humanos. Ello les hace aptos, en principio, para este tipo de actuaciones o tratamientos, los cuales por cierto no serían exclusivos de ellos pues son otros muchos los animales (caballos, perros, etc.) cuyo contacto se ha probado muy beneficioso para niños con dificultades.

   Sin embargo, la generalización de estos programas ha hecho surgir también algunas voces que previenen de ciertos aspectos que no conviene olvidar. En algunos medios de comunicación pueden verse noticias sobre delfines que se han mostrado poco amistosos (nunca peligrosos) con algunos niños, según parece en respuesta a alguna provocación o mala disposición del menor, o quizá mera torpeza. Ello significaría simplemente que los delfines no tienen una paciencia infinita cuando perciben que no se les quiere; en esa medida hay que admirarse de que su inteligencia les lleve a aplicar una proporcionalidad en el castigo mucho más benévola que la que aplicarían muchos humanos.

   Pero hay que saber algunas cosas más. El delfín es un mamífero diseñado por la naturaleza para estar en plena libertad, pues no deja de ser un animal salvaje; su mundo se conforma enjugando grupo con otros delfines en número de unos 10 o 12, tiene su lenguaje para comunicarse con otros delfines, y no tiene por qué asumir que su misión sea ejercer permanentemente de cuidador de otros seres, sin descanso alguno y sin espacios para retirarse cuando busca tranquilidad. Aparte de ello, puede ser territorial o dominante cuando se trata de machos en época reproductora, y por ello suele preferirse a las hembras para este tipo de instalaciones. Tienen mucha fuerza y saben distinguir perfectamente la debilidad o potencia de quien se les acerca.

   Con ello, lo que podemos concluir es que un delfín tiene muchísimas cualidades benéficas para el ser humano, pero que pueden ceder ante sus tendencias naturales si se les lleva a un extremo de presión o estrés, y que en tal caso pueden no reaccionar como esperamos.

   Todo esto ha propiciado que surjan algunas voces desde el ecologismo las cuales advierten, primero, de que el beneficio del trato con delfines no tiene por qué ser mejor que elmar derivado de otras especies o de otros tratamientos y, segundo, que los animales tienen unos derechos que no pueden ser supeditados a toda costa al capricho o insensibilidad de los humanos. A los delfines les gusta jugar con los humanos, pero seguramente disfrutarían más si el juego fuera en mar abierto y a su voluntad; y si están en cautividad, habrá que tratarlos al menos con el mismo amor que ellos nos dispensan a nosotros.

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