Baden-Powell, fundador del movimiento scout


Es posible que en este verano muchos padres hayan mandado a sus hijos aBaden-powell campamentos al aire libre. Uno de los modelos más clásicos y arraigados de este tipo de actividad es el de los boy-scouts conocido como Movimiento Escultista e implantado internacionalmente.

  Sin embargo, a poco que se estudie este movimiento –por ejemplo en la misma España-, se aprecia una diversidad que en ocasiones genera confusión. Por ello es interesante saber que el origen de todo este entramado fue una persona, el británico Sir Robert Baden-Powell (1857-1941), y que dicho fundador es la verdadera referencia del movimiento.

  Podemos decir algunas cosas sobre este fundador, para entender mejor el surgimiento del movimiento scout. Robert Baden-Powell nació en plena época victoriana, y de sus educadores recibió diversas influencias: su padre era un reverendo, lo que pudo inculcarle un especial sentido de la moral y el orden a su conducta; su madre Henryetta era hija de un rico colonizador inglés, lo que le introdujo en el mundo de las aventuras; fue incluso alumno de John Ruskin, cuyas ideas sobre el potencial educativo de la naturaleza debieron dejar alguna huella en el joven Robert.

  scoutsCasi de una forma inevitable, Baden-Powell se hizo militar. Eran los años en que el ejército garantizaba experiencias exóticas a todo joven militar del Imperio Victoriano. Así ocurrió con Baden-Powell. Pronto se distinguió como hábil rastreador y organizador de patrullas de exploradores; fue también encargado de elaborar planos topográficos, como en Kandahar (Afganistán) dada su habilidad en reconocer los terrenos; en las campañas de Rodesia conoció al militar norteamericano Frederick Russell Burnham, quien le introdujo en el mundo de la vida de campaña del Oeste americano (inspirándole con ello la idea de los campamentos formativos) y al que copió el “sombrero Stetson” con el centro en punta, que era el propio del ejército estadounidense de la época. También en la milicia destacó Baden-Powell por sus métodos de adiestramiento de caballos, por su organización de defensas, el uso de bicicletas para los exploradores y otros méritos por los que llegó a ser condecorado y a ser considerado verdadero héroe.

  Fue recogiendo sus vivencias en escritos donde formulaba propuestas ymujeres scouts aportaba enseñanzas, alcanzando cierta fama. Finalmente, se decidió a organizar en 1907 el primer campamento scout. Ocurrió en la isla de Brownsea. Baden-Powell organizó a 20 chicos dividiéndolos en cuatro grupos o patrullas. A cada uno le asignó un color y un animal, para fomentar el sentido de grupo. Les enseñaban a conocer el espacio natural, a orientarse, a cuidar de su aspecto e higiene, a cocinar y atender a los demás. Las jornadas terminaban con un fuego de campamento en el que la hermandad afloraba y se relajaban las durezas del día.

  Contando con dar continuidad a la experiencia, elaboró un reglamento para estos campamentos: Escultismo para muchachos (1908). Al año siguiente aparecieron en un desfile las muchachas scout para sorpresa de muchos, y la hermana de Robert, Agnes, se ocupó de darles también un reglamento de Guías en 1912. La misma esposa de Robert, Olave, colaboró de forma importante en aquellos inicios. Para los hermanos pequeños de los jóvenes exploradores se creó en 1916 la figura de los lobatos. En definitiva, el movimiento fue creciendo en dimensiones y aceptación. La época era propicia, como lo prueba el éxito de las iniciativas del citado Burnham en Estados Unidos, o agrupaciones como la Olavede los Wandervogel (pájaros excursionistas) en Alemania, ésta incluso anterior a los scout pues surgieron hacia 1896.

  El amor a la naturaleza derivado de los descubrimientos científicos y el romanticismo aún imperante, el sentido de la aventura derivado de unos imperios coloniales aún vigentes, y el sentido de la disciplina inspirado en potencias dominantes como la prusiana o la misma británica, garantizaron el éxito de la fórmula escultista. En España fue desarrollada desde muy pronto (1912) por los militares Teodoro y Manuel Iradier y el intelectual Arturo Cuyás, aunque el caso español merece su propio apartado, que en otra ocasión abordaremos.

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