Carta a Pinocchio, de A. Luciani

   collodiEn 1972, se escribió esta carta a Pinocchio y se incluyó en el libro “Ilustrísimos Señores” que el otro día cayó en mis manos. En dicho libro, su autor – A. Luciani- recopilaba las cartas que dirigía a numerosas figuras ya históricas (Goethe, Dickens, Mark Twain…) o ya de ficción como Penélope, el barbero Fígaro o el Pinocchio de Collodi.

   En la carta a Pinocchio, se habla a éste como se haría con un jovencito de la propia familia. El autor reconoce que, si bien en su niñez se identificaba plenamente con Pinocchio y sus aventuras, en la edad adulta se reconocía en el lugar de todos los consejeros que va teniendo el personaje a lo largo del relato: Gepetto, Pepito Grillo, el Mirlo… incluyendo al Atún salvador, que es el único que tuvo éxito en su intento.

   La carta es cariñosa y comprensiva, y pretende aconsejar al niño de cuento para cuando se adentre en la adolescencia. Desde una perspectiva de adulto que ha pasado por lo mismo, repasa cuestiones como el ansia de autonomía, el amor, las creencias, o la responsabilidad. Cita a otros autores como Lacordaire (“ten una opinión y hazla valer”) o Pascal (“de nada sabemos todo”), o usa frases propias como “haz que crezca el sentido de la responsabilidad, para usar bien de la tan deseada autonomía

   El mensaje que pretende transmitirle al niño que empieza a ser hombre es que está en la obligación de buscar su camino propio para hacerse un hombre, pero que no aprovechará ese camino si al recorrerlo banaliza sus experiencias, renuncia a darles calidad o no tiene en cuenta que todo lo que se hace tiene consecuencias para el futuro. Entiende que la felicidad está sobre todo en aquellas cosas que se han conseguido con esfuerzo, y que vale la pena dar a cada cosa su tiempo para aprender a valorarla, en uno mismo y en los demás.

   Quizá sean lecciones demasiado pretenciosas para enseñarlas a un muñeco, no tanto para un joven. Seguramente, muchas mamás y papás intentan todos los días transmitir esas mismas ideas a sus hijos. Luciani nunca fue papá, pero sí fue Papa. Albino Luciani fue, por sólo 33 días, el Papa Juan Pablo I, fallecido sorpresivamente el 28 de Septiembre de 1978. Quizá no tuvo experiencia propia en cuestiones de hijos, pero sí –y mucha- en cuestión de asumir una responsabilidad.

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