¿Rosa o Azul?

rosa¿Rosa para las niñas y azul para los niños? No sólo para ropas; también para juguetes, complementos, material escolar…

En las últimas décadas ha sido una constante el atribuir ambos colores con ese criterio. De hecho, una de las manifestaciones simbólicas más evidentes del avance en la igualdad hombre-mujer ha sido la ruptura de esa dicotomía, y así resulta ya normal ver en las niñas el color azul, mientras que el rosa en los niños aún se resiste. ¿Tiene sentido la diferencia?

Lo cierto es que esta distinción no era tan antigua como parece. Es más, alguno se sorprenderá si le decimos que la atribución de colores en épocas pasadas era justamente al revés: rosa para los niños y azul para las niñas. Obviamente, estas afirmaciones hay que hacerlas con relatividad pues las modas y costumbres varían mucho de unos puntos a otros, pero existen claras referencias que sustentan aquella afirmación (Ladies Home Journal 1918, o Jude Stewart en un artículo en Slate, 1914). Lo que allí se decía es que el azul era el apropiado para los niños, y el rosa para las niñas; y ni siquiera se aludía a tradición alguna pues hasta ese momento la verdadera costumbre era que las ropas fueran de color blanco hueso, dado que los tintes o coloreados eran mucho más caros. El paso al rosa-niña y azul-niño será en los años 50 del siglo XX.

Un ejemplo que nos hará pensar sería el de las llamadas “princesas rosas de Disney” (Disney princess), cuya línea comercial ha optado por el rosa o morado. Lo cierto es que, aunque en personajes como Rapunzel o Mulan encontramos estos colores, no ocurría así en las primeras películas con Blancanieves, La Cenicienta o La Bella Durmiente, que optaron claramente por el azul. Esta última vestía de azul en la película, si bien en la actualidad se presenta con vestido rosa, lo que es muy significativo. Las imágenes religiosas de los últimos siglos optaron también por el azul para significar la pureza (así, en la Inmaculada Concepción); no obstante, unos siglos más atrás se usaba la rosa (flor) como paradigma de la virtud femenina.

Estas reflexiones nos llevan a otras, que aquí dejaremos sólo anunciadas. Por ejemplo, las influencias que en la distinción de colores tuvo el miedo supersticioso a que ciertos entesazul usurparan a los niños (varones), y que eso llevara a los padres a vestirlos de niñas para ocultarlos. O bien la duda sobre si realmente hay colores más apropiados para niños y niñas o si se trata sólo de modas. Algunos estudios psicológicos parecen sostener que las niñas sienten más inclinación hacia el rosa, y los hay que atribuyen un carácter determinado según el color preferido. Planteamiento diferente sería el que atribuye unas propiedades al azul (por ejemplo, más idealista, reflexivo), y otras al rosa (más dulce) pero sin que ello implique una correspondencia con chicos y chicas.

No podemos ahora entrar en estos temas sin ser expertos; afirmar que hay opciones cromáticas según el sexo de los niños significaría asentar unas diferencias muy dudosas. Lo que sí es cierto es que, tanto la opción de asignar colores diferenciados como la opción de no asignarlos conlleva una toma de posición no sólo estética sino ideológica. En la actualidad la tendencia social es a no diferenciar, por lo que resulta curioso que muchos fabricantes sigan confiando en la idea de las preferencias de color.

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