El Cubo de Rubik

   cuboYa va para 40 años la antigüedad del Cubo de Rubik. Fue inventado en 1974; los primeros modelos surgieron en 1977 y en su forma definitiva hacia 1980.

   En España, como tantas veces ocurre, los primeros que lo usaron fueron los niños extranjeros que llegaban en verano como turistas. Aquel artilugio raro parecía una cosa absurda, hecha para calmar a nerviosos. Resultaba atractivo sólo por su color y por la enigmática pieza invisible que debía tener en su interior, única forma de explicar que tanto cuadradito no se cayera pese al traqueteo.

   Para quien no lo sepa, el cubo es un conjunto de otros 26 cubos más pequeños (falta el central) y unidos con cierto margen de movilidad, presentando caras de 6 colores y consistiendo el juego en agrupar en cada cara grande los del mismo color, como un rompecabezas. Se calcula en más de 43 trillones el numero de permutaciones a que pueden dar lugar sus piezas.

   Al poco se implantó de forma general, y –como siempre- se inició la escisión entre quienes se que lanzaban a lamate carrera de su dominio, y quienes lo denostaban como pérdida de tiempo para vagos e inadaptados. No tardamos mucho en sorprendernos al ver que tal objeto no era el invento de un juguetero, y ni siquiera de un inventor raro japonés. En realidad se trataba de una herramienta docente creada en la entonces Europa Oriental por un profesor de arquitectura húngaro, Erno Rubik.

   Rubik estaba cansado de que sus alumnos no entendieran rápidamente los mecanismos de la matemática tridimensional. Entonces buscó un sistema por el que aquélla se captara de forma directa, experimental. Intuía que la mejor forma de asimilar una dificultad era maniobrar con ella. No obstante lo anterior, lo que de verdad interesó a Rubik fue encontrar un sistema de sujeción sin imanes, pues esta cuestión era lo que más podía diferenciar a su invento de otros ya patentados (lo cierto es que Rubik no pudo eludir diversos procesos sobre propiedad industrial).

   cuadroEl cubo fue un éxito. Hoy el modelo se sigue vendiendo, y ha pasado además del mero juego a convertirse en icono de diseño, de forma que su formato se encuentra en productos de merchandising como llaveros, pisapapeles, etc. Es posible que la Coca-Cola sea el símbolo del siglo XX; dentro de él, más modesto, el cubo de Rubik de 26 piezas y 6 colores puede ser considerado uno de los iconos de los años 80 dentro de ese siglo. Su carácter casi fetichista se aprecia por el hecho de que otras versiones del cubo no calaran en el público, como fue el caso de ordenar las piezas por aristas o vértices en lugar de por caras, o bien de componer cubos con lados de 4 o 5 piezas en lugar de los clásicos de 3 (es decir, 9 piezas por cada cara). Su componente esencialmente matemático, ajeno a todo rasgo cultural, le garantizaron una difusión por todo el planeta, haciendo verdad aquello de que los números son el lenguaje más universal que existe.

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