Historia de la Petanca

   Entre los juegos al aire libre, pocos tienen tanta difusión como la petanca. Desde los niños de muy corta edad a los ya muy mayores, desde una playa a un jardín, la petanca parece uno de los juegos más fáciles.

   petancaAl decir esto puede que más de uno se moleste, pues para los puristas la petanca no es un mero juego o juguete sino un verdadero deporte. En Francia, sin ir más lejos, hay más de 300.000 jugadores registrados, siendo el octavo deporte del país en cuanto a licencias. Quizá le ocurre como a tantos deportes en los que el éxito depende del lanzamiento de una bola: algo que parece tan sencillo y homogéneo puede tener múltiples variantes, al depender de numerosos factores como son el viento, la fuerza, los efectos rotatorios, el rozamiento, la suerte, la calidad del material… Es lo mismo que ocurre, por ejemplo, con el golf, los bolos, o el béisbol.

Lo cierto es que los jugadores de petanca presumen siempre de ejercitar una actividad que ofrece muchos matices y requiere experiencia y entrenamiento. Sin llegar a ese extremo, sí cabe decir que se trata de un ejercicio muy saludable pues, en su aparente pasividad, conlleva un esfuerzo continuado si se practica durante un rato largo, obligándonos a andar, agacharnos, flexionar, coger pequeños pesos… Por ello es muy recomendable entre personas mayores, las cuales añaden a lo meramente lúdico un factor de salud y de relación social. Para los más pequeños tiene los atractivos de la facilidad de montarlo y practicarlo, lo asequible de sus precios, la sencillez de su transporte y guarda, o la rapidez de las partidas.

   Se dice que la petanca que hoy conocemos arranca de 1907, y que en 1910 se organizó el primer concurso oficial por el francés Ernest Pitiot. Esto tendría relación con el nombre “Petanca”, que vendría de la expresión provenzal “Pieds Tanquees” (pies juntos), y que debería su causa a cierto jugador que había quedado sin piernas por un accidente; el hermano de éste ideó una partida sin tomar impulso. Alguna otra versión afirma que el inventor fue un hombre (Jules Lenoir) afectado de reumatismo, que de esta forma evitaba el desplazarse de la línea de tiro.

   El juego queda definido como una competición en la que primero se tira una bola pequeña llamada boliche, y después los competidores lanzan por turnos varias bolas más grandesniño petanca siendo ganador el que más puntos gana aproximándose al boliche. Hay varios tipos de tiro: el de aproximación al boliche, el de tiro (se lanza una bola para colocarla en el lugar de otra) y el de empuje (para que golpee una bola propia acercándola o para que aleje una contraria). Desde inicios del siglo XX el juego se fue dotando de reglas, y hoy existen unas medidas que podemos considerar de referencia: unos 15 metros de largo y 4 de ancho para la pista; un diámetro de unos 30 milímetros para el boliche; unas bolas metálicas con estrías de unos 70-80 milímetros de diámetro y unos 650-800 gramos de peso, y partidas a 13 puntos asignando un punto a cada bola propia más cercana al boliche.

   Ahora bien, como en todo, existen precedentes de la petanca desde muchos siglos atrás. Se cita a los griegos del s. VI como inventores con cantos rodados y con referencias del mismísimo Galeno. Los romanos habrían añadido el boliche, existiendo imágenes en un sarcófago de Florencia. El juego se extendió por la Galia y Germania (en ésta última llegaría a adquirir significación religiosa). En la Edad Media se le llamó “globurum”, y en la Inglaterra de Enrique II fue prohibido por causar desórdenes, pasando la prohibición a otros lugares. Ya en siglo XVIII empezó a resurgir como factor de relación social, y así lo veremos celebrado en un poema del francés Furetiére o por el pintor Meissonnier. También en el Madrid goyesco encontramos un tapiz, hoy visible en El Escorial, que refleja una partida muy parecida a la que hoy podemos ver en cualquier parque. Por tanto, casi nada nuevo bajo el sol.

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