La peonza: juego simple y ciencia sofisticada.

   niño peonzaSi le damos una peonza a un niño, la envolverá en un cordel y la lanzará como la cosa más simple. Si le dejamos la peonza a un matemático, podrá llenar folios y folios de fórmulas hasta demostrarnos por qué la peonza se sostiene en pie.

   La peonza consiste en un objeto acabado en punta que se sostiene girando sobre sí mismo, hasta que se frena y cae. El impulso lo puede recibir de varias maneras (un cordel, una lanzadera, la propia mano…) siendo lo esencial el que se aplique en un movimiento de tipo “látigo”. Es uno de los juguetes que a más pronta edad se conocen por los niños, pues los padres disfrutan compartiéndolo con sus hijos, y éstos se fascinan por su espectacularidad.

   Aunque la mayoría de nosotros pueda tener en la mente una imagen clásica de una peonza, lo cierto es que en el mundo existen muchas modalidades (por ejemplo, sólo en Japón se cuentan hasta mil diferentes). También sus usos pueden ser diversos, pues puede ser no sólo un juego sino también –por ejemplo- un objeto de connotación religiosa o adivinatoria; como juego puede serlo por sí sólo al lanzarlo o bien como medio para jugar a otras cosas, etc. En su modalidad de trompo con varias caras sirve como instrumento para que el azar decida entre varias posibilidades.

   Esa aparente simplicidad combinada con la diversidad de usos es la que explica que fuera conocida desde siempre. Se han encontrado objetos de este tipo con antigüedad de 6.000azar años, y hay referencias en textos de Platón, Aristófanes, Catón o Virgilio por hablar de Europa. En continentes como América o Asia también eran conocidas desde tiempos remotos.

   Tras la simplicidad de la peonza, se esconde un complejísimo juego de fuerzas, con dos principios físicos que desafían a la gravedad. El principal es el efecto giroscópico, que es el que mantiene la peonza sobre su punta sin caerse e incluso estando inclinada. Este efecto hace que prime el impulso giratorio frente a la fuerza de gravedad, de una forma que sería imposible si la peonza estuviera estática. Es algo semejante a lo que permite que una moto de competición no se caiga en una curva pese a su inclinación, o que una bicicleta permanezca vertical y no bascule a izquierda o derecha mientras se mantenga el pedaleo. Se trata de crear una fuerza que compita con la de la gravedad. Esa fuerza es la de la velocidad que imprime el propio giro.

   A medida que se pierde el impulso, la peonza añade al movimiento rotatorio (sobre su eje) otro giratorio formando círculos con una especie de cabeceo. Estos dos movimientos se llaman de precesión y nutación; y la interacción entre ambos depende de cosas tales como la fuerza, el suelo, la delgadez de la base o el rozamiento. Ello da lugar a situaciones que en pocos segundos van cambiando y dotan al trompo de esos vaivenes y cambios de sentido tan característicos en cuanto empiezan a decaer.

   manoHay muchísima ciencia detrás de tales cambios. El ángulo de caída, la desaceleración, la masa que puede mantenerse en pie, la ubicación más alta o menos del centro de gravedad, o la perfección del eje central, hacen que una peonza esté bien hecha y pueda optimizar el juego de todos esos principios. Un mátemático hablaría de ecuaciones de Euler, segunda ley de Newton, péndulo de Focault, momento angular, vectores… Si alguno de nuestros hijos estudia Ciencias Físicas podrá explicárnoslo; de momento quizá nos baste con que se divierta.

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