…Y llegaron los Marcianitos

marcianitosSi en el año 2014 fuéramos atacados por extraterrestres, yo sin duda encargaría a los niños nuestra defensa. Ningún adulto sabría alcanzar tantas naves en tan poco tiempo como un crío de 12 años, dando por hecho que ese combate se libraría desde una mesa de control.

  El origen de esa destreza arranca de unos años atrás, cuando aparecieron las famosas “máquinas de marcianitos”. Fue en 1978 cuando apareció la legendaria Space Invaders, que obviamente fue rebautizada en España con el nombre de los clásicos marcianos. Debemos tener en cuenta que en aquél entonces los españoles no estaban tan acostumbrados a usar el nombre inglés de las cosas, y que además todo lo extraterrestre se asociaba con Marte (aún no nos habían hablado de Apu, Vega, la operación RAMA, el satélite Europa… ni siquiera Raticulín). Se usaba aún la expresión Platillo Volante mejor que OVNI, y aún pensábamos que los marcianos eran los habitantes verdes de un planeta rojo hasta que Spielberg nos mostró a un ET más bien marrón. Claro, eran los tiempos en que sólo hablaba de esto Jiménez del Oso en blanco y negro, e Iker Jiménez apenas tenía edad para hacer la Primera Comunión. Ese fue el tiempo de las primeras máquinas de marcianitos.

  Con todo el respeto hacia los pioneros como el Pong de Atari y su ping-pong electrónico, invadersfue el Space Invaders el que está en nuestra mente como el paso a la modernidad. Hasta entonces, lo más eléctrico que había en las máquinas de juego eran los marcadores y las dianas en las máquinas de pin-ball (que entonces se llamaban máquinas de bolas, de petacos, de mandos o simplemente tragaperras). Existían también atracciones que permitían “disparar a cosas”, -recuerdo una que era un arpón para acertar a tiburones, o las que hacían aparecer dianas entre diseños psicodélicos-, pero nada comparable a un verdadero combate contra fuerzas inteligentes en el que el disparo se trazaba en pantalla. ¿Cómo surgió esa máquina?

  Japón, 1978. Sale al mercado un producto ideado por Toshihiro Nishikado, creativo de la Taito Corporation. Se dice que aquél se inspiró en el tremendo éxito de un estreno del año anterior: Star Wars (25 de Mayo de 1977). También se alude a La Guerra de los Mundos, cuya estética sería más acorde con el Space Invaders pues éste, recordémoslo, tiene lugar no en Coruscant, Endor, la Estrella de la Muerte o el Imperio sino en nuestro planeta, con humanos que disparan desde un cañón Wellsprotegido por casas, y donde las naves extraterrestres con formas de cangrejo, pulpo o calamar con tentáculos parecen inspirarse en algunos carteles de la obra de Wells. La lucha con alienígenas fue también una solución muy práctica para el atractivo del juego, pues ello permitió a Nishikado eludir los reparos que le planteaban sus diseños iniciales sobre guerras de humanos (poco acertados en los tiempos del post-Vietnam) o de tanques o aviones (poco adaptables todavía a la pantalla electrónica), así que le vinieron de perlas unos monstruitos extraterrestres de movimientos torpes y mecánicos, cuya masa recordaba también a la del muro del juego Breakout y a la que se vencía de igual forma, a base de disparos continuos.

  Dicen que el triunfo del video-juego fue total desde el principio. Se cuenta o se hizo correr la leyenda urbana de que en Japón se habían agotado las monedas de cien yenes con que funcionaban las máquinas. El nombre inicial -“Space Monsters”- se cambió para hacerlo acorde con la moda galáctica. Sin embargo, las cifras reales revelan que, al menos en los primeros momentos, el público japonés tardó en acoger la máquina. Lo que sí es cierto es que, una vez marcianitosasentada en el mercado, su éxito adquirió tintes grandiosos y mucho más cuando las licencias pasaron a otros países.

  El juego tuvo secuelas que, sin alcanzar tanto éxito, aún son recordadas por muchos pues en aquellos años cada “estreno” de juego era celebrado como un prodigio. También el arte y la cultura popular acogieron como icono este juego, lo que muestra el impacto que supuso. Así, por citar un caso, cabe encontrar en algunos puntos de Bilbao pequeños mosaicos con la imagen de estos marcianos. Supuestamente son obra de un artista de pseudónimo Space Invader que desde 1999 lo viene haciendo en ciudades como New York, Sydney y otras, demostrando que los años no pasan por estos “marcianitos”.

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