La joven Malala en Valencia

PremioHace pocas semanas nos visitó en Valencia la joven Malala Yousafzai. No es la primera vez que hablamos de ella, pero su lucha merece que le sigamos la pista y demos eco a su mensaje siempre que haga falta.

  En el presente caso ha venido a recibir el Premio Convivencia de la Fundación Manuel Broseta. Lo ha compartido con Pilar Mateo, científica reconocida por sus investigaciones en insecticidas previstos contra la malaria o el mal de Chagas. La decisión del jurado fue unánime entre 17 candidaturas.

  Este Premio de Convivencia es uno de los de mayor prestigio de nuestro país y viene a distinguir a quienes tienen una especial inquietud social y la desarrollan en un marco constructivo y de convivencia, lo que significa por vías pacíficas, y usando los cauces legales tanto del derecho nacional como internacional. Por ello han sido premiadas en anteriores convocatorias iniciativas como la de Basta Ya, las Damas de Blanco o el pueblo de Ermua entre otros muchos.

  En el caso de Malala, esta joven pakistaní de 16 años actúa siempre de una manera exquisita, utilizando sólo la palabra y su capacidad de convicción. Ha comparecido en los últimos años ante organismos como la Unión Europea o la ONU, siempre con mensajes de paz pero, al mismo tiempo, muy firmes en cuanto a las ideas en que cree relativas a la educación de los menores y especialmente de las niñas.

  MalalaHabía quien pensaba que la trayectoria de esta joven tendría corto recorrido. Se hizo conocida por el atentado talibán que sufrió en octubre de 2012, y los medios de comunicación le dieron cierto protagonismo, lo que le sirvió para que su figura llegara más lejos durante un tiempo. Pero se equivocaban quienes pensaban que su difusión fuera flor de un día, y ello por un motivo: Malala no empezó su campaña a raíz del atentado, sino al revés: fue agredida para intentar acallar su voz, pues desde 2010 gestionaba un blog bajo el pseudónimo Gul Makai para luchar por el derecho de la mujer a la educación. Incluso, un año antes, había parecido en un reportaje llamado Pérdida de Clases, La muerte de la educación de la mujer, que relataba las restricciones que los talibanes habían introducido en el sistema educativo.

  La misma convicción que tuvo para iniciar su misión la tiene ahora para proseguirla, dando muestras de que su carrera pública va a ser duradera. Y ello le lleva a asumir la reivindicación de todo lo que tenga relación con sus ideas, consistentes en la fuerza de la palabra y la educación para conseguir la igualdad social y de género, el respeto en la diversidad religiosa y el progreso global de su comunidad. Su fuerza nace de dar la vuelta a la presión que recibe, y tiene su origen en el momento en que los talibanes bombardearon su escuela (como ocurrió con al menos 400 escuelas más), y prohibieron a las niñas ir al colegio y a las mujeres acudir al mercado, todo para evitar que se oyera su voz.

  Malala quiere, pues, ser la voz de todos aquellos a los que se quiere acallar, y se hace Malalaeco de casos semejantes ahora que ella ha obtenido notoriedad. Así, al recibir este premio ha recodado que 57 millones de niños en el mundo no tienen acceso a ninguna educación, y ha abogado por pasar de una sociedad de «coexistencia» a otra de «convivencia», en la que el respeto por los demás nos haga apreciarlos más. Por ello mismo reivindicó en Enero pasado la figura del estudiante también pakistaní Aitzaz Hasan, que falleció al intentar evitar un atentado en su escuela salvando así la vida de docenas de compañeros. En ese mismo mes, mientras numerosas voces en Pakistán querían proclamar a Aitzaz como héroe nacional, se prohibía la presentación del libro Yo soy Malala en la Fundación Bahsá Khan, de Peshawar por los riesgos de seguridad que implicaba. En las últimas semanas hemos vuelto a ver a Malala prestando su apoyo –junto a personalidades como Michelle Obama- a la campaña Bring Back our Girls por de la liberación de las jóvenes secuestradas de un colegio en Nigeria.

  Todo ello lo hace Malala sin perder su asistencia a clase, pues su intención es llevar a cabo su lucha dentro de la máxima normalidad y responsabilidad, sabiendo que es un ejemplo para muchos y que cada vez lo es más.

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