La niña Malala Yousafzai, Premio Sajarov a la libertad de conciencia

MalalaEl pasado 11 de Octubre se anunció la concesión del Premio Nobel de la Paz de 2013 a la entidad OPAQ (Organización para la Prohibición de las Armas Químicas). Muchos se sorprendieron, pues pensaban que la gran merecedora del premio era Malala Yousafzai, la joven pakistaní de 16 años defensora del derecho de las niñas –y de los menores en general- a recibir una educación, y que fue atacada por los integristas pakistaníes.

  No dudamos de la oportunidad de la elección de la organización premiada, pues su actividad ha cobrado recientemente triste actualidad por los sucesos de Siria, y así lo ha justificado Thorbjørn Jagland, secretario del Comité Nobel. Pero parece que no sólo se ha tenido en cuenta quién debía ser premiado, sino quién no debía serlo, pues el galardón podría haberse dado conjuntamente a estos dos favoritos, lo cual no carecería de precedentes (sin ir más lejos, sólo en el presente siglo ha ocurrido cuatro veces, en 2001, 2005, 2007 y 2011). Por tanto, habrá que atender también a los motivos que dio el propio comité sobre la inconveniencia de concedérselo a Malala: ser demasiado joven, carecer de un recorrido continuado y, sobre todo, la posibilidad de aumentar el peligro que se cierne sobre ella.

  Al margen de que los motivos indicados puedan parecernos más o menos sinceros, no cabe duda de que la estrella de Malala sigue brillando. Buena prueba de ello es que, también en estas fechas, se le ha otorgado el Premio Sajarov de la Libertad de Conciencia 2013. Este premio tiene gran significación, y en cierto sentido es incluso más relevante que el Nobel. Se trata Timede una distinción otorgada por el Parlamento Europeo de Estrasburgo, con intervención de parlamentarios y grupos políticos representativos –a diferencia del comité particular concedente del Nobel-. En segundo lugar, va específicamente dirigido a la libertad de conciencia, en la que tan importante es la educación. Y en tercer lugar, se inspira en un personaje muy respetado por toda la intelectualidad democrática como fue Andrei Sajarov, el cual, tras dedicar buena parte de su vida a la investigación sobre armamento y carrera espacial en pro de la URSS, rectificó sus posturas y fue perseguido por ello hasta el punto de ser exiliado en el propio país (Gorki) hasta su rehabilitación por Gorbachov en 1986, apenas tres años antes de fallecer tras haber sido elegido diputado. El propio Sajarov había recibido el Nobel de la Paz en 1975, que tuvo que recoger su esposa pues él no podía salir del país.

  Malala, por lo demás, no dejará de tener notoriedad por no haber recibido el Nobel. Ya en su momento fue premiada en su país -Pakistán- con el Premio Nacional de la Paz de 2011, tal como contábamos en una entrada anterior. Desde entonces, y ya afincada en Birmingham con su familia, ha podido dar un discurso en el Asamblea General de la ONU; ha sido señalada por la revista Time como una de las personas más influyentes del mundo; ha recibido el Premio Humanitario de la Universidad de Harvard… Acaba también de presentar su biografía, Yo soy Malala, que ha sido ya prohibida en las escuelas de su país.

  Lo más importante de esta joven, en todo caso, es su mensaje: En su discurso ante la Eurocámara recordó que hay 57 millones de menores en elMalala mundo que no pueden ir a la escuela. Ha dicho cosas como que “No se puede contabilizar la fuerza de un país por su ejército, por el número de soldados, sino por su nivel de educación, por su respeto de los derechos humanos«, y otras como que «Muchos niños en el mundo no piden una Playstation, sino un bolígrafo y un libro”. La petición de ayuda y de toma de conciencia que realiza esta joven parecen haber sólo empezado. No en vano su padre ya era maestro y defensor activo de los derechos humanos en su país. Dice Malala que su aspiración es la política nacional y que su guía es Benazir Bhutto, quien fuera malograda presidenta de Pakistán. Todo premio es poco para esta joven, que lo arriesga todo por conseguir un mundo mejor para la infancia y por el derecho a una formación.

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