Al cine: “El origen de los guardianes”

guardianes  Las carteleras de cine presentan una amplia oferta para los niños en estas Navidades. “El origen de los guardianes” tiene el atractivo añadido de ser cine de animación y con versión en 3D, género que –según parece- está en franca progresión.

   Producido por Dreamworks Animation, y distribuido por Paramount, el film se centra en la pugna entre la ilusión y la pérdida de la inocencia. Los que mantienen las ilusiones de los niños son los Guardianes, entre los que se incluyen Papa Noel, el Conejo de Pascua, Sandman o las hadas. A ellos se unirá un personaje central llamado Jack Escarcha, cuya peripecia en la película contiene una parte de evolución personal. La lucha entre los dos principios (creencia y miedo) adquirirá proporciones épicas, al estilo –salvando las muchas distancias- de El Señor de los Anillos, pero con unos escenarios mucho más reconocibles pues al fin y al cabo se alude a situaciones absolutamente familiares.

   Diremos algunas cosas generales sin descifrar el nudo de la obra. Para aquellos que gustan de apreciar las innovaciones técnicas, la película se sitúa en un nivel visual aceptable. En algunos efectos (como la formación de escarcha o el polvo de arena) se alcanza una perfección que roza la del dibujo Disney de los orígenes. La caracterización de algunos de los personajes (por ejemplo, la de Sandman, a pesar de ser aparentemente secundario) resulta interesante, no así en otros más postizos.

   Los niños que vean la película pueden entretenerse con los múltiples efectos y escenas trepidantes, que seguramente disfrutarán más que los mayores. Los adultos, posiblemente,  encuentren que la parte oscura del mensaje tiene más peso del necesario, y les haga dudar sobre si realmente ese cine es apropiado para niños pequeños. Es lo que viene pasando con otras películas de este tipo –véase por ejemplo el repertorio de Tim Burton-, en las que parece asumirse que los niños pueden aguantar e incluso gozar con los perfiles más angustianteselfos de un relato, de igual manera que sus padres fueron perfectamente capaces de asumir, con total naturalidad, cuentos tan terroríficos como La Casita de Chocolate o Blancanieves.

   Al final, reconforta comprobar que los niños que asisten a la proyección optan por reírse con los gags de siempre (esto es, cuando un personaje se resbala, cuando otro le gasta una travesura, cuando un secundario demuestra ser más listo que el protagonista…), y que parecen no percibir otros detalles que parecen pensados únicamente para inquietar a los mayores. En cuanto a éstos, no incluirán esta película entre las que les dejan huella, pero el hecho de llevar al cine a sus pequeños habrá de ser suficiente gratificación.

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