El pequeño salvaje

VictorVíctor de Aveyron es un nombre familiar tanto para maestros como para cinéfilos. En 1970, el director François Truffaut creó una obra magistral con la historia de Víctor, un niño salvaje que apareció en los bosques del sur de Francia a finales del siglo XVIII, y al que se intentó educar para reintegrarlo en la sociedad.

   La historia real nos cuenta que el niño tenía unos doce años, su crecimiento había sido más lento de lo normal, tenía la barbilla algo hundida y la nariz alargada; su aspecto y comportamiento no recordaban en nada a lo humano, no hablaba y parecía no oir sino los ruidos naturales. Todos coincidían en que debía haber sido abandonado a su suerte siendo muy pequeño, y que el milagro era que en tantos años no hubiera perecido.

   Una vez descubierto y capturado, fue llevado a París e internado en el asilo para enfermos psíquicos dirigido por Philippe Pinel, una eminencia de laItard escuela académica, el cual consideraba que el niño carecía de facultades intelectuales. Entonces apareció el Dr. Jean Itard (1774-1838), perteneciente a una generación más joven, quien solicitó que se le dejara intentar educar al salvaje dándole un trato a su medida; propuso un programa y se le aprobó junto con una ayuda económica. Ahí comenzó la historia del Dr. Itard y su alumno Víctor de Aveyron.

   Durante unos cinco años, Itard se ocupó intensamente de la recuperación de Víctor junto a su ama de llaves –la Sra. Guerain-. Escribió dos informes, en 1801 y 1806, que son modélicos por su rigor y perspicacia y que hoy nos sirven para entender el gran reto que la pedagogía se planteaba en aquél tiempo. Desde hacía Dr Itardmuy poco se habían venido asentando las doctrinas de Rousseau sobre la bondad del estado natural y sobre la necesidad de que la educación no perturbara las facultades naturales de los niños. Frente a esta teórica vanguardia, la experiencia de Itard vino a demostrar de una manera cruel que el supuesto estado natural no tenía nada de perfecto, y que por sí mismo no tenía entidad alguna para propiciar un desarrollo intelectual en los menores y mucho menos aún un desarrollo moral. La formación de Víctor alcanzó un techo que acabó desanimando a su tutor, el cual no obstante pudo aplicar toda su experiencia al campo de la sordomudez, elaborando importantes teorías. En cuanto a Víctor, quedó todavía otros veinte años más junto a la Sra. Guerain, hasta la muerte del joven en 1828, casi treinta años después de haber sido descubierto.

   Truffaut compuso con esta historia una obra llena de inteligencia y delicadeza. La escena cumbre, desde mi punto de vista, es aquélla en la que Itard intenta descubrir si Víctor posee de manera innata el sentido de la justicia: de manera deliberada decide castigar injustamente al menor; al rebelarse éste contra el castigo, el maestro lo abraza conmovido por ese soplo de dignidad que acababa de hacer a Víctor un poco más humano.

   Sin embargo, tanto Itard como Truffaut tuvieron que admitir que no era posible llevar al salvaje al paso siguiente. Pretendían demostrar que era laguerain socialización y no el estado natural el que podía redimir a cualquier ser humano. Quizá el fallo estaba en los métodos; quizá en el objetivo… Sabemos por Itard que Víctor no gustaba de comunicarse por sonidos, toda vez que por otros gestos era capaz de expresar al exterior su pensamiento. En realidad, hacía con su mímica lo mismo que Truffaut con sus películas: aislarse y expresarse. Quizá la gran olvidada de esta historia sea la Sra. Gueráin, que no se preocupó tanto de experimentar con el niño durante cinco años sino de hacerlo feliz durante veinte. Cosa complicada, la educación.

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