Pestalozzi, el sueño de educar

PestalozziSi algo define a Heinrich Pestalozzi (1746-1827) como pedagogo es que, para él, la educación fue una ilusión a la que nunca renunció; formar a los niños fue un impulso que condicionó toda su vida. Ello le llevó –incluso- a la ruina en varias ocasiones, pero no por ello hizo desistió. Sólo por eso ya merece un recordatorio.

  Resaltamos de la escuela pestalozziana tres ideas básicas: educar con el corazón; comprometer a la familia como educadora desde la primera infancia; y seguir un “método natural” que convierta al niño en el centro de su propio aprendizaje. Esto último, a su vez, implica dos cosas: graduar la formación de lo más sencillo a lo complejo, y alternar el estudio con actividades y juegos.

  Heinrich Pestalozzi nació en Zurich en una familia de varios hermanos. A los 6 años perdió a su padre y la familia quedó al cargo de la madre y de la niñera Babelli. Esta influencia femenina marcó los primeros años de Heinrich en sentido positivo, haciéndole añorar toda su vida aquella época en la que tanto cariño había recibido. Como dijo alguno de sus biógrafos, “toda la mística de Pestalozzi proviene de ahí”.

  escuelaEl joven Heinrich era desgarbado y descuidado en lo personal. Su afán de ayudar a la humanidad le llevó a estudiar –infructuosamente- teología, leyes, agricultura… pero siempre fracasaba pues lo elevado de sus ideas careció siempre de sentido práctico. Convencido de que el trabajo formativo era una forma de rehabilitar a niños marginados, emprendió en 1774 un taller de hilado en Neuhof para acoger menores desahuciados. Éste fue el primero de numerosos proyectos educativos (Stanz, Berthoud, Yverdon, Neuhof de nuevo…), los cuales conocieron múltiples altibajos y en ocasiones la ruina. Su mujer y algunos de sus amigos (Schmid, Niederer…) hicieron lo que pudieron para ayudar a Pestalozzi a levantarse siempre y empezar de nuevo.

  Sus ideas están recogidas en obras como Leonardo y Gertrudis (1781), el semanario La Hoja Suiza (1782), Figuras para mi abecedario (1797), Cómo Gertrudis enseña a sus hijos (1801) o verdaderos métodos sistematizados para la enseñanza, la lectura y el cálculo, la formación de maestros…

  Buscó siempre un respaldo oficial a sus proyectos, ya en Suiza o fuera de ella. Su inspiración era la misma que la de las ideas de la Revolución Francesa, si bien se sintió horrorizado cuando vio algunas de las consecuencias prácticas de dicha Revolución, lo que le hizo desistir de colaborar con el gobierno francés. Sus fracasos se deben tanto a las dificultades externas (envidias, incomprensión, vaivenes políticos) como a su propia falta de realismo. No obstante, en ocasiones recibió niñoselogios encendidos, en aquellos escasos períodos en que pudo trabajar con cierto margen.

  Hoy conservamos algunas cosas de su método, al menos en el espíritu, y con independencia de que los sistemas educativos consigan llevarlo a la práctica: buscar las capacidades de cada niño y aprovechar sus inclinaciones; insertar pausas entre clase y clase; propiciar un aprendizaje entretenido; reconocer a todo menor una dignidad… Otras cosas de su método, sin embargo, gozan hoy de menos acogida, como son los ejercicios repetitivos, las actividades mecánicas o manuales alternando con las intelectuales y, muy especialmente, la Bondad (con mayúscula, su mejor legado). Todo un personaje digno de estudio, y de homenaje.

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