Los Reyes Magos y Olé

  Belen ¿Eran andaluces los Reyes Magos? El Portal de Belén anda algo revuelto en estas fechas. Hace algunos días fueron la mula y el buey; hoy se trata del lugar de procedencia de Melchor, Gaspar y Baltasar, que podrían ser del sur de España.

   Los medios lo recogen de forma profusa: los Reyes Magos podrían no ser de Oriente sino de Occidente, y más concretamente del reino de Tarsis (Tartessos), que se ubicaba en las actuales provincias de Huelva, Cádiz y Sevilla, en Andalucía.

   Nos estamos refiriendo al recién publicado libro “la infancia de Jesús”, del Papa Benedicto XVI. Realmente, parece que sea nuevo el contenido que ahora se difunde, pero nada de lo publicado es novedoso. Lo diferente es que el Papa haya asumido hablar en primera persona y al gran público sobre cuestiones arraigadas en la tradición que hasta ahora parecían patrimonio de teólogos y ratones de biblioteca. Este libro es el último de una trilogía que completa a otros dos dedicados a la vida pública de Jesús (2007) y a su pasión y muerte (2011).

Lo que dice el Papa es muy sencillo: el Evangelio de Mateo habla de magos venidos de Oriente, pero la raíz de este episodio (Epifanía) estaría en las profecías de Isaías y en los Salmos delreyes Antiguo Testamento que hablan de Occidente, y concretamente: “…del Salmo 72,10 e Isaías 60… Y, de esta manera, los hombres sabios de Oriente se han convertido en reyes…. La promesa contenida en estos textos extiende la proveniencia de estos hombres hasta el extremo Occidente (Tarsis, Tartesos en España), pero la tradición ha desarrollado ulteriormente este anuncio de la universalidad de los reinos de aquellos soberanos, interpretándolos como reyes de los tres continentes entonces conocidos: África, Asia y Europa.”

   Hay quien se sorprende de que Benedicto XVI haya sembrado esta niebla donde hasta ahora todo parecía repartido entre evidencia y mito. Pero a nuestro entender el Papa ha obrado de una manera muy sabia. El es un gran teólogo y un magnífico intelectual, y posiblemente considere que ya ha llegado el momento en que la Iglesia deje de recibir críticas por supuesta mojigatería en la conservación de ciertos dogmas, imágenes o arquetipos. Lo cierto es que muchas de las supuestas verdades del relato religioso forman parte sólo de la leyenda, de la hagiografía, de la piedad, de la tradición, de la buena fe; muchas imágenes consideradas indiscutibles han sido forjadas en siglos posteriores al nacimiento de Cristo (el caso del Belén, de origen medieval y fomentado por San Francisco de Asís en el siglo XIII), o en relatos que la Iglesia no considera portadores de un mensaje esencial pero que tampoco quiere erradicar de la devoción popular (es el caso de los Evangelios Apócrifos, en su día marginados y hoy cada día más reivindicados a riesgo de incurrir en sobrevaloración).3 reyes

   La Iglesia ha sabido distinguir muy bien en sus textos bíblicos lo que es mensaje, linaje, historia, ciencia, tradición, devoción, interpretación, deducción, certeza, poesía… son dos mil años de sesudo estudio milimétrico, como para no tener respuesta a cada una de las críticas que, de manera algo ligera, se vierten sobre el que –al margen de creencias- sea posiblemente el libro más importante de la cultura occidental.

   En todo caso los niños no deben preocuparse: podrán dirigir ahora sus cartas tanto a Oriente como a Occidente, que seguro que Sus Majestades Melchor, Gaspar y Baltasar las reciben tanto en un sitio como en otro, y si se han portado bien les traerán sus juguetes.

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