Nobel de la Paz para Malala

malalaNo es la primera vez que hablamos de esta joven pakistaní, cuya pista seguimos desde hace tiempo. Hoy nos alegramos mucho de que le hayan otorgado el Premio Nobel de la Paz, junto al activista hindú Kailash Satyarthi.

  Parece que más allá del Nobel no hay premio más excelente, por lo que podría parecer que la carrera de esta adolescente de 17 años ha llegado a su culmen. Sin embargo, recordamos su contestación en una entrevista al periódico ABC, cuando afirmó: “Mi meta no es obtener el Premio Nobel de la Paz. Mi meta es conseguir la paz”, y continuaba: “mi objetivo es ver la educación de todos los niños”. Ella misma lo ha dicho al recibir el premio, al aclarar que este galardón “no es el fin, sino el principio”.

  Muchos recordarán los orígenes de la actividad pública de Malala y los tristes incidentes que la llevaron a la fama. Basta con remitirnosSatyarthi a anteriores entradas de este mismo blog donde hemos ido dando acogida a sus ideas y a diferentes reconocimientos que ha ido obteniendo. Hoy sin embargo queremos destacar algunas cosas precisamente de este Premio Nobel, que es algo más que un Premio.

  El Nobel de la Paz tiene algo no sólo superior sino diferente. Es el único de los Nobel que se otorga en Noruega, -por el Comité Nobel del Parlamento Noruego- mientras que los restantes corresponden a Suecia. Su fundador, Alfred Nobel, se había distinguido precisamente por sus actividades en la industria de la guerra, siendo citado como el inventor de la dinamita; ello motivó el que más tarde, avergonzado por los efectos bélicos de su creación, instituyera un premio para los que fomentaran la unión de los pueblos y no su pugna. Si vemos el listado de premiados desde su origen, nos daremos cuenta de que Malala ha sido colocada en pie de igualdad con otros grandes personajes o entidades de nuestro tiempo: desde el primero de ellos en 1901, Henri Dunant, fundador de la Cruz Roja, a la ganadora del año 2013, la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas. Entre medias, y por centrarnos en las últimas décadas, encontramos nombres como Médicos sin Fronteras, la Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas, Nelson Mandela, Rigoberta Menchu, el Dalai Lama, Desmond Tutu, Lech Walesa, la Madre Teresa, UNICEF, o Martin Luther King Jr.

  El premio de Malala cobra además significación pues esta ocasión ha sido la más concurrida en cuanto a candidatos al Nobel (278), entre los cuales se encontraban algunos nada desdeñables como las Madres de la Plaza de Mayo o incluso el Papa Francisco. Los otorgantes, sin embargo, han estado acertados desde nuestro punto de vista, pues en los últimos años –con la salvedad del 2013- había existido cierta desconfianza hacia este galardón, al entenderse por muchos que los criterios de concesión eran más políticos que honorables. En el Nobel de la Paz de 2014 pocos pensarán que el premio no es justo. En la persona de Malala Yousafzai se emiten varios mensajes a la vez: protección de la infancia; promoción de la mujer; impulso de la educación. A estos mensajes se une uno muy importante de tolerancia y cooperación entre los pueblos, y a ello contribuye el otorgamiento compartido con el activista indio Satyarthi. Este último tiene una religión diferente a Nobella de Malala, y ambos pertenecen a países que se encuentran en conflictos intermitentes. Sin embargo, ambos han centrado sus energías en causas diferentes a imponer sus creencias religiosas o a vencer a un enemigo exterior; se han dedicado a luchar por los niños de su propia sociedad, sabiendo que si se ayuda a esos niños de hoy es muy posible que no haya tantos problemas entre los hombres de mañana.

  Satyarthi ya lo viene demostrando con las decenas de miles de niños a los que ha salvado de unas vidas sin futuro. En cuanto a Malala, tiene apenas 17 años pero lleva desde los 11 –un tercio de su vida- luchando por lo mismo que Satyarthi, y dice que quiere mucho más. Baste recordar una de sus frases pronunciadas ante la Asamblea General de la ONU: “Un niño, un profesor, un libro y una pluma pueden cambiar al mundo. La educación es la única solución”. Estamos seguros de que Alfred Nobel se sentiría orgulloso de Malala.

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